Salvar al INE

La difícil construcción de la democracia se puede caer en un segundo si se rompen los dos principios que le dieron vida

Arturo_Sánchez_Gutiérrez
Arturo Sánchez Gutiérrez / Decano Escuela de Gobierno del Tec de Monterrey

A la Revolución Mexicana le llevó casi todo el siglo XX avanzar en la construcción de la democracia. En los años sesenta, la democracia era una asignatura pendiente que se abrió paso con gradualidad, reforma tras reforma, y que poco a poco dio pie a que los votos se emitieran libremente y se contaran correctamente.

Uno de los productos de ese largo proceso es el triunfo de Andrés Manuel López Obrador en 2018.

El proceso implicó sumar los esfuerzos de incontables personas, organizaciones, partidos y autoridades. A partir de la reforma de 1977, la primera constante para la construcción de la democracia fue la negociación y prevalencia del consenso para garantizar la efectividad de los avances.

La construcción del IFE, hoy INE, requirió que la sociedad civil se abocara a observar la calidad de los procesos electorales. Los primeros conteos rápidos fueron producto de la demanda ciudadana por garantizar la pulcritud en el conteo correcto de los votos. Después de 1988, los partidos políticos demandaron, elección tras elección, reforma tras reforma, el establecimiento en la ley de los ingredientes para la transición democrática: (1) un órgano electoral con autonomía del gobierno y con representación de los partidos políticos; (2) un Registro Federal de Electores que emitiera la credencial para votar con fotografía; (3) un Servicio Profesional Electoral que profesionalizara la estructura responsable de la organización de las elecciones; (4) condiciones equitativas de la competencia electoral entre los partidos y su rendición de cuentas mediante la fiscalización; y (5), un sistema nacional electoral que permitiera al INE y a los órganos locales electorales, extender la democracia a los procesos electorales locales.

Además del consenso, la segunda constante que permitió la construcción de nuestra democracia fue el respeto a la autonomía de las instituciones electorales. ¿Por qué nos debe preocupar hoy cuidar al INE? Porque este gobierno ha perdido el pudor para intervenir en otros órganos constitucionales autónomos, como el que nos ocupa. Así ocurrió con la CRE, con la desaparición del INEE y recientemente con la CNDH. La difícil construcción de la democracia se puede caer en un segundo si se rompen los dos principios que le dieron vida: la realización de los cambios a partir del consenso entre las fuerzas políticas (no de la imposición de la mayoría), y el estricto respeto a la autonomía e independencia de las autoridades electorales. La percepción es que esos principios se pueden romper muy pronto.

No sólo se trata de cambiar la ley, las próximas decisiones en el INE podrían, de facto, romper las bases de la democracia: la aprobación de su presupuesto; el nombramiento de cuatro nuevos consejeros electorales; el nombramiento de los Consejeros Electorales de los OPLES; la renovación de la Secretaría Ejecutiva del INE; y una posible reforma legal sin reflexión integral. Por eso, estamos ante la necesidad de observar para defender nuestras instituciones.

POR ARTURO SÁNCHEZ GUTIÉRREZ
DECANO ESCUELA DE GOBIERNO, TEC DE MONTERREY
@ARTUROSANCHEZG

abr

¿Te gustó este contenido?