Sacudir las conciencias

Es parte de un diseño orientado supuestamente a la reducción de costos, pero que en realidad pretende la construcción de una base de poder en el nuevo gobierno

ALEJANDRO POIRÉ
ALEJANDRO POIRÉ

Uno de los impactos anticipados de la nueva administración federal es la salida de miles de funcionarios públicos de larga trayectoria en cargos de nivel medio y alto. Más allá del recambio sexenal de los mandos en las subsecretarías, oficialías mayores, unidades administrativas, y algunas direcciones generales, en esta ocasión el anuncio de recortes en sueldos y prestaciones de todo el sector público adelantó las renuncias de muchísimos trabajadores. No solamente eso, sino que una vez llegado el nuevo equipo gubernamental, incluso a servidores públicos de niveles inferiores (directores generales adjuntos, de área y subdirectores), se les ha pedido la renuncia, sin mayor razón aparente que haber participado en los gobiernos del neoliberalismo.

Para muestra, este botón que nos comparte Claudio LópezGuerra, profesor del CIDE, en su cuenta de Twitter (@clopezguerra1): Un profesor mío de licenciatura comprometido con varias causas sociales, preparado, responsable, trabajador, y por quien metería las manos al fuego respecto a su integridad, llevaba 11 años en el DIF en un mando medio. Le acaban de pedir su renuncia. Historias de la 4T. Esto no es fortuito ni casual. Es parte de un diseño orientado supuestamente a la reducción de costos, pero que en realidad pretende la construcción de una base de poder en el nuevo gobierno, enteramente leal al Presidente, y que sea a la vez deliberadamente inexperta para oponerse a sus iniciativas por motivos técnicos. Es un asalto grave al Estado mexicano, y una injusticia profunda, con tintes de ruindad, con miles de servidores públicos de carrera, cuyo presunto pecado es realmente la más elevada de las virtudes cívicas: poner al servicio de un gobierno electo democráticamente la mejor de sus competencias y capacidades, por encima de su preferencia partidista o ideológica. Nada de ello contó. Estos servidores públicos que hoy no lo son más, han conducido a nuestro gobierno y a nuestro país, en su enorme mayoría, con talento, compromiso, creatividad y responsabilidad, a un estado que es lejos de ser idóneo, pero con infinitamente más capacidades para el desarrollo y el bienestar que lo existente hace tres décadas. Desde luego que mucho más habría por hacer, y muy evidente es que había ineficiencias y abusos, como en toda burocracia. Pero resulta claro, también, que quienes son primordialmente responsables de las fallas del aparato burocrático no son en principio los servidores civiles de carrera, sino quienes son o hemos sido sus jefes políticos. Por mi parte, sirva esta nota como un reconocimiento a su servicio, sacrificio, compromiso y esfuerzo. Me enorgullece haber estado a su lado en distintos momentos de mi carrera profesional, y haber aprendido de ustedes. Pero el tema es más profundo, y tiene una arista subestimada. Esta sacudida al servicio público federal hará tremendamente más difícil que muchas de las políticas del nuevo gobierno salgan bien, y costará mucho más trabajo que se implementen. Adicionalmente, para las conciencias de miles de exservidores públicos, que seguramente votaron por Morena, o vieron con simpatía el triunfo de una opción que ofrecía cambio, quizá atraviesan por un momento de definición; una oportunidad de reinventarse y vertir su compromiso cívico en otras trincheras, quizá incluso las de la oposición partidista. Al tiempo.

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