Luis de Llano, Rusia 2018: La danza millonaria y la guerra de las vanidades

Ver el Mundial es como disfrutar estas nuevas grandes series de televisión, con un buen guion, un buen reparto y un director que sabe acomodar sus piezas

Luis de Llano,   Rusia 2018: La danza millonaria y la guerra de las vanidades

La imagen de un Vladimir Putin sonriente y ufano en el partido inaugural del evento mundialista más importante lo dijo todo: Este año Rusia deberá mostrar el músculo y golear a todo el planeta, cueste lo que cueste.

Lo cierto, es que la expresión de alegría de Putin tuvo mucho que ver con el triunfo de su selección de la cual hay muy pocas expectativas futbolísticas, el hecho es que el jerarca ruso debe de estar más que orgulloso de que este Mundial ya ha roto récords históricos y será por mucho el Mundial más caro de toda la historia con un costo de 678 mil millones de rublos, o sea ¡14 mil millones de dólares!

Y aunque el espectáculo de arranque mundialista se criticó por su corta duración y austeridad, (y por el impúdico dedo que Robbie Williams mostró a nivel planetario) los beneficios en imagen de la inversión rusa serán imponderables y de eso se trata precisamente el hecho de organizar el evento deportivo más visto del planeta del 2018.

Se calcula que unos cuatro millones de personas acudirán a los estadios, 3 mil 800 millones de espectadores globales lo verán en 210 países, y de ellos más de 850 millones lo harán vía web, por lo cual se considera a Rusia 2018 el evento multipantalla que ha cambiado la forma tradicional de consumirse y comercializarse.

Y hablando de tecnología mundialista y su impacto global, Rusia 2018 está marcando un antes y un después no sólo por el hecho de que cada partido de la Copa será registrado por más 40 cámaras; muchas de las cuales son vendidas en exclusivas a los consorcios globales que los transmitirán, cuatro de ellas serán destinadas al VAR, una innovación implementada para dar video asistencia digital durante los 64 partidos del mundial.

Por supuesto, el arbitraje asistido no toma ninguna decisión, sino que sólo se limitará a ofrecer ayuda al árbitro central a la hora de tomar la decisión final, de la cual seguirá siendo el único responsable. Aún así, la polémica permanecerá (y esto también es parte del juego del hombre y el inevitable punto de vista del fanático futbolero), ya que las imágenes del VAR serán proporcionadas a  todas las cadenas  televisoras participantes y de los coloridos comentarios de la fanaticada mundial  no estará inmune el equipo de 13 árbitros colegiados instalados en el cuartel general  del sistema en Moscú.

Son 32 las selecciones clasificadas que participan en esta guerra futbolística por obtener el preciado trofeo dorado y el título del mejor equipo de futbol del planeta. Se calcula que el valor de los jugadores participantes es de 15 mil millones de dólares, de los cuales 176.2 millones corresponden a nuestra selección, ubicada en el lugar 15 del ranking mundial.

Bueno, eso era hasta el pasado domingo, antes de que México ganará ante la selección campeona del mundo, y tras el gol del Chucky se registrara un movimiento telúrico artificial en la CDMX provocado por los saltos masivos de alegría, y por supuesto las imágenes de la fanaticada mexicana en el Zócalo, la Macroplaza de Monterrey, la Minerva de Guadalajara y prácticamente en todo sitio del planeta donde hay mexicanos apantallaran al mundo entero, y no sólo por la noticia de que nos acabamos la reserva de cerveza en los bares de Rusia…

Acá en nuestro país el suelo retembló, una ola masiva y monumental se armó, el Ángel voló al oír a millones entonar Cielito Lindo, y aunque sea por un instante de gloria los mexicanos nos olvidamos de la otra guerra de vanidades políticas y la millonaria danza partidista que se nos viene encima.

Siento que ver el mundial, es como mirar una de estas nuevas grandes series de televisión, creo que tuvo un buen guion, un muy buen reparto y el director supo cómo acomodar sus piezas.

Y es que las estadísticas pueden fallar y contra todo presagio, ganamos. Hoy por hoy, dejamos de ser politólogos para convertirnos en futboleros, y sólo nos queda decir muy a nuestro estilo: ¡Sí se pudo! ¡Qué viva México!.

 

Por Luis de Llano

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