Ruptura y destino

Anaya llega debilitado a la recta final de la campaña, y con más rompimientos en ciernes

Ruptura y destino

En noviembre de 2017, el entonces presidente del PRI, Enrique Ochoa, advertía que a Ricardo Anaya se le estaba escapando de las manos el frente opositor que había construido con el PAN, PRD y MC.

Para aquel momento, los panistas creían que ésos eran sólo buenos deseos del priismo. Hoy, siete meses después, la ruptura de la coalición Por México al Frente es una realidad, justo a dos semanas y media de la elección. Independientemente del resultado del tercer debate, el llamado Joven Maravilla llega debilitado a la recta final de la contienda por diversos factores.

Las disputas internas, las acusaciones en su contra por lavado de dinero y su estancamiento en las encuestas, han generado preocupación y alarma entre militantes y dirigentes del PRD y MC, que son sus principales aliados. En el sol azteca, como lo adelantamos hace dos entregas, está en ciernes una rebelión que podría materializarse esta semana para obligar a su dirigencia a renunciar a la coalición con el PAN y volcar su apoyo por Andrés Manuel López Obrador.

El ala oficial del perredismo, encabezada por Manuel Granados y la corriente de Los Chuchos, crearon un muro de contención, pero la disidencia ha dicho que, si no logran echar abajo la coalición, llamarán a sus militantes a ejercer voto cruzado por Ya sabes quién.

El desenlace de esta historia está por verse. Por si eso no fuera suficiente para dinamitar la candidatura de Anaya, esta semana recibió un segundo misil –el primero fue el video de un hermano de Manuel Barreiro— que lo hizo tambalear: la denuncia del senador panista Ernesto Cordero por presunto lavado de dinero.

Con esto, al queretano lo seguirá la sombra de la duda por lo que resta de la campaña. Pero si recordamos, Anaya empezó con el pie izquierdo esta contienda. El proceso para elegirlo como candidato dejó heridos en el camino: Margarita Zavala, senadores, diputados y gobernadores.

La ex primera dama se hizo candidata, los senadores rebeldes trabajan para José Antonio Meade y los mandatarios negocian con sus pares de otros partidos para impulsar un equilibrio en el Congreso, no para Anaya. Por otra parte, algunos de sus aliados, como Miguel Ángel Mancera, fueron ninguneados al grado de casi perder la candidatura.

Así, bajo la lógica de cada quien sus canicas, actuaron muchos panistas resentidos y el propio candidato. Y es probable que el gobierno y el PRI sean partícipes de la guerra sucia, pero en un ejercicio de autocrítica, Anaya y sus asesores deberían hacer un mea culpa para ver si de esa forma corrigen el camino para lo que le queda a la campaña.

Eso no es garantía de nada, pero por lo menos se quedarán con la satisfacción de haber reconocido sus errores y aceptar el resultado haiga sido como haiga sido. •••

Y como dice el filósofo… Nomeacuerdo: Si uno dice la verdad, tarde o temprano será descubierto.

 

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