Rostros ocultos

Aunque hay muchas historias similares en occidente, se debe reconocer que los obstáculos mayores se encuentran entre los pueblos musulmanes

Lorena Piñón
Lorena Piñón Rivera / Columnista Invitada / Candidata a la Presidencia Nacional del PRI

Las mujeres hemos sido siempre discriminadas por un crónico sistema de exclusiones que ha prevalecido en la mayoría de las civilizaciones del mundo. Hay testimonios que han transitado desde experiencias como ser ignoradas hasta ser víctimas de acoso o abuso sexual; tanto en sus entornos familiares, como en sus escuelas, el espacio público y sus centros laborales.

Aunque hay muchas historias similares en occidente, se debe reconocer que los obstáculos mayores se encuentran entre los pueblos musulmanes, pues en esa tradición religiosa, el género femenino no solamente tiene un papel reservado al hogar y a la crianza de los hijos como ha acontecido ordinariamente en muchos países latinoamericanos y africanos; sino que hay convencionalismos que mantienen invisibles a las mujeres.

En las naciones donde se profesa el islamismo extremo, las únicas porciones de piel de las mujeres que pueden estar expuestas a la vista de todos, son las manos y la zona que circunda sus ojos.

El atuendo que cubre casi la totalidad de la epidermis femenina,  es conocido como burka y aunque hay algunos que afirman que no es obligatorio el uso de un velo por parte de las mujeres cuando están en lugares públicos, los fanáticos sostienen que ellas no pueden exhibir su fisonomía porque estarían contradiciendo el Corán en su versículo 31 de la sura 24 que afirma: Y di a las mujeres fieles que bajen sus miradas, y guarden sus partes privadas, y no muestren su belleza, excepto lo que se desprende de la misma, y para extender sus tocados, para cubrir sus pechos y no para mostrar su belleza, excepto a sus maridos, o sus padres, o padres de sus maridos, o sus hijos, o los hijos de sus maridos o sus hermanos.

Aunque ordinariamente son los hombres los causantes de las peores tragedias que han sufrido las féminas, también hay ejemplos terribles de mujeres que han cometido agresiones en contra de personas de su mismo sexo.

El máximo símbolo de la liberación femenina en el mundo islámico es Benazir Bhutto, la pakistaní que se graduó con honores en universidades de Estados Unidos e Inglaterra y que llegó a ser Primer Ministro a los 35 años de edad, siendo la primera mujer Jefa de Gobierno en los países que profesan la religión islámica.

Con el poder de su voluntad y de sus altas credenciales académicas, pudo ejercer su cargo sin estar atada a costumbres anticuadas y bárbaras como las del uso de la burka. Durante su mandato, aconteció una anécdota citada en el libro conmemorativo de la Cuarta Conferencia Mundial sobre la Mujer celebrada en Beijing durante el verano de 1995 y que refleja la influencia que tuvo entre las nuevas generaciones de pakistaníes. La referencia es que Bhutto le preguntó a un niño acerca de sus aspiraciones en el futuro y éste le respondió que deseaba ser seleccionado nacional de críquet.

Benazir trató de reconvenir al pequeño de 9 años: ¿no te gustaría ser presidente o primer ministro?. La respuesta del mozalbete fue impactante: no, eso es trabajo para mujeres.

Mientras la historia demuestra que hay mujeres valientes que han expuesto la vida para luchar contra la invisibilidad en otros continentes; en México padecimos un episodio muy triste este pasado viernes, cuando unas enmascaradas con pasamontañas y pañoletas decidieron delinquir en el marco de una legítima protesta a favor de la seguridad de las mexicanas. Espero que la abulia mostrada por la administración de Claudia Sheinbaum, no signifique impunidad para los hombres y mujeres que actuaron como cavernarios. No importa el sexo, la ley debe aplicarse con rigor.

POR LORENA PIÑÓN RIVERA
@LORENAPIGNON

lctl

¿Te gustó este contenido?