Rompiendo moldes

La disrupción de Donald Trump es interesante porque genera alrededor del mundo sentimientos encontrados, pero su gobierno es efectivo

Javier García Bejos / Colaborador / Columna Editorial

Como empresario y luego en su incursión en la política, Donald Trump ha sido siempre un personaje disruptivo. Su forma de hacer política lo tienen hoy en un camino entre el juicio político y, al parecer, cuatro años más en la Casa Blanca. Fuera del status quo de la clase política estadounidense, Trump le mostró al mundo una política poco convencional.

El ejercicio permanente de denostar adversarios, tuitear de forma personalísima incendiando las redes y cambiar el equilibrio del juego internacional, han sido muestras de su gusto por hacer de la política un juego de suma cero, en donde al final se las ha ingeniado para ganar.

Su estrategia lo llevó a buscar a Corea del Norte, entablar una relación diferente con Rusia, desdeñar a Europa, construir un muro en su frontera y provocar inestabilidad comercial, pero también generó un ánimo positivo entre la clase trabajadora de Estados Unidos, que lo encuentra como el presidente idóneo.

Su visión económica no ha pasado desapercibida; bajó los impuestos, el empleo y el PIB crecen aceleradamente y, en general, los ciudadanos son optimistas frente a la perspectiva económica.

Alejado más que sus antecesores de la agenda bélica, ha librado tensiones en Medio Oriente sin disparar el gatillo, vieja costumbre de los presidentes para alentar la economía mediante el patriotismo y ganar elecciones.

La disrupción de Trump es interesante porque genera alrededor del mundo sentimientos encontrados y su figura no es muy querida, pero su gobierno es efectivo y orientado a resultados, y eso, en un mundo lleno de frustraciones políticas, resulta un alivio.

La crisis de la democracia liberal en muchas partes del planeta tiene que ver no con falta de libertades o democracia, sino con la falta de sensibilidad de los gobernantes con las aspiraciones ciudadanas.

Así, con un lenguaje siempre provocador, es imposible que pase desapercibida su postura y su conexión, para bien o para mal, con la opinión pública.

Durante su discurso sobre el Estado de la Unión, habló de bonanza económica y logros sobre temas laborales, sanitarios y de seguridad, en medio de permanentes desplantes de los demócratas, que no han encontrado más rumbo que romper discursos en su cara.

Mientras ellos se desgastan, la agenda de Trump avanza, y lo mismo fustigó a sus opositores y a Maduro. Respecto a la migración, tema que tanto capital político le ha rendido, golpeó a las ciudades santuario y presumió con suntuosidad el muro que levantó en la frontera sur con México.

No soy partidario de la política que se construye a partir del enfrentamiento, pero sí lo soy del pragmatismo para gobernar y, sobre todo, de ser efectivos.

Trump es un gobernante que pasará a la historia y siempre será duramente juzgado; nos tendríamos que preguntar si su método va más allá de fortuna y estrategia y es, en efecto, una nueva manera de hacer política. Al tiempo.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS
COLABORADOR
@JGARCIABEJOS


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