Román Rosales Avilés: Cuando los recuerdos se desvanecen

Diana Friel McGowin, escritora del libro Vivir en el laberinto, narra su propia experiencia con la enfermedad de Alzheimer

Román Rosales Avilés: Cuando los recuerdos se desvanecen

Si tuviera que irme no me olvides; por favor dime que me recordarás. Los sueños que compartimos vivirán para siempre sólo si permanecen en tu memoria cada momento, son las palabras de Diana Friel McGowin, escritora del libro Vivir en el laberinto, en el que narra su propia experiencia con la enfermedad de Alzheimer.

Al afectar de manera progresiva e irreversible las regiones del cerebro encargadas de la memoria, el razonamiento, la abstracción y el lenguaje, produce un deterioro de habilidades y competencias, lo cual repercute de forma negativa en la calidad de vida de las personas que lo padecen, así como en sus familiares y otros círculos sociales, al representar una de las principales causas de discapacidad y dependencia, sobre todo en personas mayores de 60 años.

Se calcula, a nivel mundial, en más de 30 millones las personas que lo padecen, y se prevé que para el año 2050 esta cifra se cuadruplique. Por ello, desde hace casi un cuarto de siglo, el 21 de septiembre de cada año se celebra el Día Mundial del Alzheimer con un doble objetivo: contribuir a la sensibilización social para brindar a los pacientes la atención y el apoyo necesario para ofrecerles una vida digna y desarrollar acciones para su prevención.

Los principales factores de riesgo para la enfermedad de Alzheimer son la edad avanzada y el antecedente heredo familiar. Sin embargo, hay otras condiciones que se relacionan con su desarrollo, susceptibles de ser modificadas: sedentarismo, alimentación rica en grasas saturadas, baja en frutas y verduras, tabaquismo, consumo excesivo de alcohol y padecimientos como diabetes, hipertensión y obesidad.

Los avances en los últimos años en el conocimiento de las alteraciones moleculares y bioquímicas que ocurren en esta enfermedad han sido espectaculares. Aún se desconocen con precisión las causas que la producen y no se dispone de una prueba que permita establecer un diagnóstico precoz o de tratamiento curativo.

Su inicio suele ser insidioso, y evoluciona en un periodo de varios años, por lo que es conveniente que las personas en contacto con un posible paciente soliciten atención profesional al identificar las siguientes manifestaciones: dificultad para resolver problemas sencillos, fallas de memoria como no saber en qué día vive o en qué lugar está, el no recordar el nombre de objetos de uso común o las actividades que realizó previamente; problemas para leer y cambios en su comportamiento.

El diagnóstico se realiza con base en una valoración integral que considere las áreas neurológica, psíquica y física del paciente. Los estudios de laboratorio y neuroimagen auxilian sobre todo para descartar otras etiologías.

A pesar de que en la actualidad no hay cura, existen tratamientos que ayudan a retrasar el daño, la discapacidad que genera y mejorar la calidad de vida de los pacientes y de sus familias. Una persona afectada por la enfermedad de Alzheimer manifiesta una profunda necesidad de amor, comprensión y apoyo.

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