Roma, el cine convertido en nostalgia

Este año podremos ver la mejor película mexicana de este siglo y el homenaje más emotivo a la Ciudad de México. Alfonso Cuarón demuestra que es uno de los directores latinoamericanos más importantes de todos los tiempos

Josué Corro / High fidelity / Heraldo de México
Josué Corro / High fidelity / Heraldo de México

Edgar Allan Poe redactó en Marginalia: Si quieres olvidar, escribe que debes recordarlo. Esta frase podría ser la tesis que dio vida a Roma, el filme de Alfonso Cuarón, que se podría convertir en la obra cumbre de su carrera, es un estudio sobre la nostalgia y el poder de la memoria.

La película, filmada en blanco y negro, gira alrededor de una familia en la Ciudad de México a inicios de los 70, desde el punto de vista de Cleo, la nana/sirvienta de la familia. Poco a poco, a través de las rutinas de cada personaje de la cinta, conocemos los secretos que ocurren y los microuniversos familiares que están al margen de las revoluciones que ocurren fuera de las cuatro paredes de una casa.

Es curioso que Cuarón haya decidido filmar una autobiogafía a esta alturas de su vida (por ejemplo 400 golpes, I Vitelloni, o Casi famosos fueron de las primeras cintas de Truffaut, Fellini y Crowe), y el resultado fue una obra madura y épica que pocas veces habíamos presenciado en el cine latinoamericano: cada fotograma tiene la intención de provocar un sentimiento y la forma en que la cámara, entre close ups y paneos, muestra cada escena, simula aquellos momentos en los cuales cerramos los ojos y recordamos algún pasaje de nuestro pasado.

 

LA VIDA ANTES DE SER CUARÓN

El premiado director, guionista y productor de cine mexicano es un perfeccionista y artesano técnico; pero sobre todo, un observador de la conducta humana.

Sus trabajos más aclamados, Los hijos del hombre y Gravity son revolucionarios a nivel visual, pero en el fondo, ambas cintas hablan sobre la soledad y la necesidad de hallar una conexión entre millones de personas. Lo mismo ocurrió en Grandes esperanzas, una de las historias de amor fundamentales de los 90 (y que pocos le dan la relevancia necesaria), así como en Y tu mamá también, donde analizó la madurez de una generación emocional que enfrentó el cambio de siglo.

En cada una de sus obras cinematográficas, Alfonso siempre explora la motivación sentimental y las decisiones emotivas de sus personajes.

Roma no es la excepción, a través de una bitácora nostálgica, explora su infancia y las anécdotas mundanas que durante 50 años permanecieron perennes en su memoria.

 

UN HOMENAJE A LA CIUDAD

Hace casi 30 años, Alfonso retrató al ex-DF como un lugar en proceso de transformación hacia el primer mundo, en su ópera prima Solo con tu pareja. Hoy, ha logrado un hito casi imposible, convirtió a la CDMX en uno de sus protagonistas. Realizó un homenaje honesto y onírico a una urbe que por años había sido documentada como un punto de ebullición de vicios y de arterias.

Desde las obras de inicio del siglo XX de Fernando de Fuentes, pasando por pilares fílmicos de la mancuerna Ismael Rodríguez-Pedro Infante, la ciudad era vista como una Sodoma de vecindades, personajes picarescos y melodramas costumbristas. Parecía que palpitaban dos capitales: de barrios elitistas y la de notas rojas.

En Roma, Cuarón tiene el objetivo de transformar las calles donde transcurre su historia en un oasis de aromas, colores y sonidos que sólo pudieron existir en un tiempo determinado: los vendedores ambulantes acaparan la salida de los cines, los suburbios del oriente de la zona metropolitana son un lodazal paupérrimo y las manifestaciones estudiantiles conviven con el sueño clasemediero de tener un auto último modelo.

Sin embargo, y por primera vez en mucho tiempo, una cinta nos permite imaginar a la Ciudad de México como un lugar donde se confecciona la vida y el destino de aquellos que tienen la capacidad de ver su belleza entre el caos.

 

 

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