Ricardo Valero: un final inmerecido

Para algunos es una señal de que se recrudece la persistente pugna entre diplomáticos de carrera y designados

José Carreño
José Carreño Figueras / Desde afuera / El Heraldo de México

En un país donde reina la suspicacia y adora las teorías del complot, donde a veces un gesto, o una frase adquieren simbolismos desproporcionados, el reciente incidente protagonizado por Ricardo Valero, embajador de México en Argentina, tomó una vida propia.

Para algunos es una señal de que se recrudece la persistente pugna entre diplomáticos de carrera y designados políticos, y de hecho hay quien la atribuye a un ocupante previo del puesto en Buenos Aires.

Pero la persona en cuestión tiene una importante carrera por derecho propio y aun si no lo tuviera Valero es en alguna medida un puente entre los elementos de carrera y los políticos: un internacionalista y político que ha hecho con eficiencia labores diplomáticas.

Allegado a Porfirio Muñoz Ledo representa una corriente de izquierda que tiene vínculos pero no es necesariamente la que se atribuyen los seguidores del Secretario de Relaciones Exteriores, Marcelo Ebrard.

Hay quien acredita a unos u otros la filtración del video de vigilancia que atestigua el presunto robo de un libro y que exhibe cuando Valero toma un libro de los anaqueles, lo pone enmedio de un periódico y tras buscar mas libros y discos va a las cajas, donde paga todo menos el volumen en cuestión; sale del local comercial, pero el libro no pagado hace funcionar las alarmas y el personal de seguridad le pide que regrese a la caja, donde habla, liquida el equivalente de 175 pesos mexicanos y se va.

Pero algunos quisieran ver mucho más en un incidente sin mayor significado. Alguien más, por ejemplo, quiere encontrar relación con el asilo a Evo Morales.

Podríamos también atribuirlo a sus problemas en la grilla académica de la Universidad Nacional, donde se atrevió a publicar un libro sobre el 68 por fuera de canales oficiales y al margen de los grupos políticamente correctos.

Y la verdad es que probablemente todo el incidente no sea otra cosa que un olvido propiciado por la distracción, o la edad. Valero tiene 76 años y sus allegados consignan que ha tenido problemas de salud. En todo caso, la atención despertada por el incidente parece injustificada.

Que un órgano de prensa que se debate entre serio y escandaloso, como suelen ser las páginas web en busca de clicks, haya decidido refrescar una historia que se sabía desde el 27 de octubre cuando provocó un viaje aclaratorio de Valero a principios de noviembre, no justifica tampoco el tamaño del escándalo, ni en Argentina ni en México.

El hecho no es agradable. Pero tampoco el tamaño del escándalo o del debate que provocó. Que supuestamente sea personalmente cercano al presidente Andrés Manuel López Obrador no le agrega ni le quita virtudes o defectos.

La verdad es que probablemente vemos ahora el obligado y desagradable final de una carrera donde hubo mucho positivo. Si fue una causa de salud, como muchos creemos, es una pena.

Si como dicen algunos se trata de un rejuego burocrático es una vergüenza. Y si tiene raíces y fines políticos, es una porquería imperdonable.

POR JOSÉ CARREÑO FIGUERAS

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@CARRENOJOSE

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