Revocación y opresión

El Presidente y su grupo han sido muy eficaces en el terreno político para disminuir el poder de las instituciones que eran un contrapeso

Arturo Peimbert / Columnista invitado/ El Heraldo de  México
Arturo Peimbert / Columnista invitado/ El Heraldo de México

Con la revocación de mandato, la nueva élite del poder da un paso más en la ruta que, más temprano que tarde, la convertirá en la nueva clase opresora del pueblo.

Hay ejemplos incontables de cómo los revolucionarios de hoy terminan en tiranos mañana. La propia Revolución Mexicana es uno de ellos.

¿Se imagina lo que la nueva élite sería capaz de hacer con todo el poder? No se olvide que ahora está conformada por expriistas de genética dinosáurica, expanistas, experredistas sin cerca y uno que otro empistolado recién llegado. Todos ellos juegan en un equipo que está destruyendo las instituciones, la separación de poderes, la rendición de cuentas y la transparencia.

El guión de la revocación de mandato es muy conocido por sus actores y sus consecuencias. Venezuela y Bolivia son los ejemplos más obvios y frecuentes.

Empiezan diciendo que el pueblo puede quitar al mandatario antes de que termine y de ahí pasan a defender a rajatabla que el pueblo lo puede dejar en la Presidencia aunque haya terminado su sexenio. Lo único que se necesita es un actor obsesionado por el poder y la gloria. Y México lo tiene.

La revocación de mandato es un fruto envenenado de la demagogia populista: ofrece una solución falsa y genera desconfianza e incertidumbre política en todos los sectores.

Es una trampa en la que caen los menos informados, los cuales, por lo general, suelen ser también los más pobres.

Son los primeros engañados y son los primeros en pagar las consecuencias, porque no tienen a dónde ir, a diferencia de los capitales.

Como ocurrió en Venezuela y en Bolivia, la revocación es una artimaña del Ejecutivo y su partido para permanecer en la Presidencia por largo tiempo. Para empezar, traiciona la voluntad del pueblo, pues el Presidente actual fue electo por seis años. En todo caso, la ley debería entrar en vigor para el próximo Presidente. Pero se aplicará al actual, porque se trata de una reforma diseñada y articulada para extender el mandato de Andrés Manuel López Obrador.

La nueva élite del poder –la cual, como hemos visto, es una mezcla variopinta– está creando las condiciones para no bajarse del caballo. La revocación es una de las medidas tácticas, pero no es la única. La extensión de mandato, con la aprobación del Congreso, es otra.

La táctica más arriesgada es volver a ganar las elecciones intermedias de 2021 para reformar la Constitución y establecer la reelección para continuar con los cambios.

El Presidente y su grupo han sido muy eficaces en el terreno político para disminuir el poder de las instituciones que eran un contrapeso.

Además, prácticamente anularon la separación de poderes, al someter a la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

Lo quieren todo y lo están logrando. En este contexto es donde se inscribe la revocación de mandato: un paso intermedio para quedarse con todo el poder político, excepto, claro, en los territorios que les ha arrancado el narcotráfico.

POR FERNANDO HERRERA ÁVILA

*VOCERO DEL PAN

abr

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