Revocación por la economía

La recesión amenaza con aparecerse y complicar todavía más el proyecto de transformación de México

Gregorio Ortega / Esa política / El Heraldo de México
Gregorio Ortega / Esa política / El Heraldo de México

Ahora sí inicia la auténtica, la verdadera disputa por el poder. El Presidente logró la Guardia Nacional, la reforma al 35 constitucional y una imagen idílica de la revocación de mandato, además de la acusación de campaña negra y uso de recursos ilegales para los financieros y creadores del video, El populismo en América Latina.

Lo que ocurra desde este fin de semana hasta el día de la elección intermedia en 2021; es decir, lo que hagan para armar el entramado propagandístico, social, político y legal que requiere obtener otra vez el Congreso, con el propósito de que la 4T le permita al Presidente de todos los mexicanos decidir si escucha, o no, al México bueno y sabio que previsiblemente le exigiría permanecer, cuentan con 27 meses por delante. ¿Será constitucionalmente válido?

No descarto mi hipótesis de que AMLO es el responsable de consolidar el proyecto neoliberal, a lo que se comprometió con los que le allanaron su acceso al poder, porque no llegó solo. También es prudente recordar, como la historia política lo consigna, que la traición es parte inherente del oficio de mandar, y del derecho a obedecer, o no. Los compromisos se asumen para no cumplirse, y siempre hay manera de eludirlos, con justificaciones éticas, morales, históricas y legales, o sin ellas. La ansiedad del poder es más fuerte que la corrección política. Algunos de nuestros ex presidentes pueden ilustrarnos sobre ello. Álvaro Obregón pagó con su vida.

Sólo tienen enfrente un elemento ambiguo, porque lo mismo puede determinarse por el estado de ánimo de los afectados, que por la correcta aplicación de la doctrina económica —lo que sucede cuando los recursos abundan y la disciplina está sobre la corrupción—. Las calificadoras y la realidad cotidiana indican que el proyecto de regeneración nacional trae ese pendiente, se convierte en piedra en el zapato de 120 millones de mexicanos, porque también Carlos Slim puede resultar afectado.

Pueden sostener, contra toda lógica, que la economía nacional está lejos de ser recesiva, pero no puede dejar de considerarse que la desconfianza hacia el cambio y hacia los políticos entrará a los hogares dentro de las canastas del mandado, a la vista de lo que se logra llevar a las mesas para saciar el hambre.

En cuanto a la inversión, sea ésta extranjera directa o proveniente de las baronías nacionales, es obligatorio recordar que siempre está ligada a la seguridad jurídica, y su permanencia en las naciones donde se cobija obedece a la observancia que de las leyes hacen los gobiernos.

Hoy los índices de precios, el poder adquisitivo de la moneda y los salarios más allá de la paridad con el dólar indican que la recesión amenaza con aparecerse y complicar todavía más el proyecto de transformación de México. Hay que añadir el entorno y la imposibilidad de que la inversión china crezca, como tampoco creció el tren rápido México-Querétaro.

Es un hecho, la verdadera y posiblemente cruenta disputa por el poder apenas empieza. Quieren cambiar a México. ¿Lo lograrán?

 

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