Retos y cambios

Los partidos de oposición están en un estado de desarticulación que no les permite construir una opción congruente

Ricardo Pascoe / Mirando al otro lado / El Heraldo de México
Ricardo Pascoe / Mirando al otro lado / El Heraldo de México

La contundente victoria electoral de Morena y el presidente López Obrador le permitió empezar a gobernar desde el 2 de julio, un día después de las elecciones. Apresuradamente, como si no hubiera mañana, empezó a nombrar funcionarios, anunciar programas y tomar acciones afirmativas, como los foros sobre la paz y la reconciliación, y a convocar a polémicas consultas sobre el aeropuerto en Texcoco y el Tren Maya, entre otros temas.

Desde el primer día también le persiguió la polémica sobre sus ofertas electorales y los programas planteados. Los cuestionamientos provienen principalmente de sectores de la sociedad civil. Los partidos de oposición están en un estado de desarticulación que no les permite construir una opción congruente frente a las decisiones y acciones del Presidente. Hasta el empresariado oscila entre la distancia crítica y el aplauso al poder.

Desde la consulta sobre el aeropuerto, el entorno económico empezó a ensombrecerse. Las declaraciones de tranquilidad para los mercados se transformaron en mensajes de claroscuros. Las calificadoras internacionales dieron señales de preocupación y el gobierno optó por la recompra de mil 800 millones de dólares de bonos para mostrar disposición negociadora. Pero los tenedores de bonos, preocupados por el mal ambiente internacional que nada tiene que ver con México, no están interesados en una buena negociación con nuestro país, sino que piensan en términos de recuperar sus pérdidas. Exigen mejores condiciones.

Las fluctuaciones del tipo de cambio no ayudan a esclarecer los entornos del presupuesto de 2019, como también refuerza el pesimismo la caída en el precio del petróleo. Incluso, las amenazas del Congreso de EU de renegociar el T-MEC tienen a los mercados doblemente nerviosos. Las declaraciones contradictorias de funcionarios sobre los aeropuertos abonan a la desconfianza creciente de inversionistas internacionales y muestran mayor reticencia a apoyar a México en su transición.

Los planes para militarizar el combate al crimen en México tampoco ayudan a calmar las aguas. Militarizar significa, en cualquier idioma, que lo que viene por delante es más violencia en el territorio nacional. Y, como también sabe todo el mundo, una vez que anden los militares por el territorio nacional con licencia para imponer el orden, no hay fecha válida para su retorno a los cuarteles. Militarizar significa que los civiles se dieron por vencidos en la tarea de combatir al crimen organizado con la policía. En el fondo, militarizar es la rendición por adelantado de la plaza a las formas democráticas de enfrentar el reto de la delincuencia. El mensaje implícito es aterrador.

La incertidumbre económica y la repentina militarización lanzan, en conjunto, un mensaje preocupante sobre un México en proceso de descomposición, después de una elección exitosa.

Estos mensajes son contradictorios y aportan dudas. ¿Cuál es la ruta a seguir ante estos retos y cambios de mensaje por parte de los nuevos gobernantes?

La transformación del Estado también entra en la polémica. Morena ha decidido ocupar todos los espacios posibles, de los tres poderes, Ejecutivo, Legislativo y Judicial, además de todos los órganos autónomos. La explicación que da es simple: lo hicieron el PRI y el PAN, y ahora lo haremos nosotros.

Ante ello, el PRI y PAN enmudecen. Es cierto. Pero queda la duda. Es cierto que lo hicieron esos partidos anteriormente. Pero, ¿eso lo hace correcto? ¿No sería mejor, para una verdadera reforma del Estado, promover la autonomía de los órganos del Estado y su verdadera independencia, como un sistema de contrapesos efectivos, donde uno corrige al otro? El hecho de que esos partidos dominaron los poderes demuestra que deterioró la credibilidad del Estado, sus órganos de decisión y la representatividad popular en México.

Los retos a la gobernabilidad se han incrementado desde el 1 de julio. Cambios programáticos se han presentado ante la población sin mayor explicación. ¿Qué justifica la militarización de las tareas de seguridad en el país, y de poner bajo mandos militares a la policía del país? Y, aunque lo hayan hecho otros partidos, ¿es bueno para el país y la institucionalización de la democracia que el mismo partido ocupe todos los espacios del Estado? Por último, queda evidenciado el error de haber cancelado la construcción del aeropuerto, por razones económicas. ¿Hay el talento necesario para corregir una decisión mal tomada?

Los retos y cambios están a la vista. La inteligencia indica que es el momento para hacer las correcciones de rumbo que la realidad exige, para bien del gobierno y de México.

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