Republicanismo en el Lopezobradorismo

La asignatura pendiente de México es el establecimiento de un auténtico sistema liberal con ramas independientes del poder

Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México
Articulista invitado / Alejandro Echegaray / El Heraldo de México

Les recuerdo que cada vez que yo tengo información sobre movimientos de dinero que puedan resultar sospechosos, doy instrucciones, tanto a Inteligencia Financiera, al encargado, Santiago Nieto, y que a todos los funcionarios públicos que tengan conocimiento de este tipo de hechos, denuncien ante la Fiscalía. Andrés Manuel López Obrador Presidente de México

 

El jueves 3 de octubre, Eduardo Medina Mora renunció como juez de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Su dimisión ocurrió bajo la sospecha de que habría sufrido presiones por parte del gobierno que encabeza López Obrador. Pero el martes pasado, el Presidente rechazó que existiera una investigación contra el ministro. Sobre el temor de que se haya tratado de una acción concertada para degradar a las instituciones que pudieran fungir como contrapeso al poder del Ejecutivo, uno de los decanos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM y exministro de la SCJN, esgrimió argumentos tan extravagantes como el que la Suprema Corte no es ni debe ser un contrapeso del gobierno. La Corte resuelve conforme a derecho y no con criterios políticos. Los contrapesos deben estar en el Congreso. De igual manera, el ministro presidente de la SCJN, Arturo Zaldívar, nos informó que el Poder Judicial no es un partido de oposición y que él comulgaba de manera ideológica con el Presidente. Después se presentó en el espacio de John y Sabina en Canal Once donde dijo que tiene una relación cordial, afectuosa y respetuosa con el Presidente.

Con esta afirmación, el juez Zaldívar demuestra que no entiende el papel de los tribunales desde una interpretación liberal. Las ideas en las que se sustentan las democracias liberales modernas se basan en la concepción añeja de Montesquieu de que: Todo se habría perdido si el mismo hombre, la misma corporación de próceres, la misma asamblea del pueblo ejerciera los tres poderes: dictar las leyes, ejecutar las resoluciones públicas y juzgar los delitos o los pleitos entre particulares. La Constitución de 1857 en la que participaron personajes de la historia de México que AMLO admira establecieron en su artículo 50 la división de poderes como esencia del orden republicano.

En El Federalista 51, James Madison, establece que la ambición se debe ejercer para contrarrestar la ambición. Se trata de un principio antropológico fundamental que se encuentra detrás del éxito de las sociedades modernas. Su premisa es que la justicia y la libertad pueden prescindir de la presencia de hombres virtuosos porque el sistema es virtuoso.

Esta idea se encuentra en otra famosa frase de Madison: Si los hombres fueran ángeles, ningún gobierno sería necesario. La batalla de AMLO y el juez Zaldívar contra este tipo de liberalismo tiene como corolario el desmantelamiento de controles contra la corrupción. No es para nada casual la manera en que ésta ha aumentado desde que llegara Morena al poder.

La asignatura pendiente de México es el establecimiento de un auténtico sistema liberal con ramas independientes del poder. Los gobiernos posrevolucionarios aceptaron en teoría esta concepción pero no la pusieron en práctica. La originalidad de la Cuarta Transformación parece consistir en abolir la idea de la separación de poderes de una vez por todas. Pero nosotros sabemos que la luz al final del túnel debe tener inscritos los nombres de Montesquieu y Madison.

POR ALEJANDRO ECHEGARAY
POLITÓLOGO


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