Regresar al oro verde

Si bien el asistencialismo excesivo y demasiados subsidios distorsionan el mercado, también es cierto que el sector social del campo requiere condiciones más favorables

Adriana Delgado Ruíz / Colaboradora / El Heraldo de México
Adriana Delgado Ruíz / Colaboradora / El Heraldo de México

Si de algo saben los israelíes, es de sacarle al desierto lo que deban sacarle no sólo para sobrevivir, sino para vivir muy bien. Sólo 20 por ciento de su territorio es cultivable de forma natural y aún así cubren 95 por ciento de sus necesidades alimenticias y hasta exportan. Sus técnicas de cultivo, biotecnología, software para la producción agrícola e ingeniería también han resuelto problemas graves de alimentación en otros países como Benín, Kenia, Nigeria y Sudáfrica, donde hay una escasez brutal de agua.

Impresionante ¿no? Los grandes productores mexicanos también tienen sus méritos. Los cultivos extensos de papa están en el norte y el noreste; el trigo, en Baja California y Sonora; Chihuahua produce mucha alfalfa y la mejor carne de exportación; Sinaloa es el líder en producción de tomate y así podemos enlistar muchos ejemplos más. Estamos hablando del norte que tiene apenas 25 por ciento de toda el agua que hay en el país, grandes extensiones desérticas y la mayor concentración de habitantes.

Entonces, ¿por qué el sur y el sureste que tienen tanta agua, vegetación, recursos naturales y todo para ser una potencia por sí mismo tiene un atraso tan lamentable? La misma pregunta puede aplicarse a las zonas rurales en zonas de montaña y semidesérticas. El propio secretario de Agricultura, Víctor Villalobos, comenta que hoy tenemos cinco millones de hectáreas arables sin producir.

¿Qué sucedió? Con la negociación del primer TLCAN en la primera mitad de los 90, el gobierno impulsó la reforma al artículo 27 para que los ejidatarios pudieran asociarse e incluso rentar o vender sus tierras, metiéndolos así a la dinámica y a la lógica del mercado.

Se abrió la llave del crédito con tasas de interés irreales para un sector tan vulnerable y el resultado fue que al final de 1994 la cartera vencida de los campesinos ya se había multiplicado 11 veces y después se convirtió en una enorme bola de nieve con la crisis de 1995.

¿Al menos se habían vuelto más competitivos los ejidatarios y pequeños propietarios? Por supuesto que no. Ya sin precios de garantía en los granos básicos, no recuperaban ni sus costos de producción porque además enfrentaron de la noche a la mañana la apertura comercial que los ponía a competir con la libre importación de productos agrícolas de donde fuera.

Si bien el asistencialismo excesivo y demasiados subsidios distorsionan el mercado, también es cierto que el sector social del campo requiere condiciones más favorables. Tenían acceso a la tecnificación, pero sin un programa sólido de capacitación para aprovecharla y su acceso al mercado era igual al de un pececito intentando nadar en un estanque de tiburones.

Ésas son las cuestiones que la nueva administración federal busca resolver cambiando el enfoque. El presidente López Obrador inició en Zacatecas el programa de precios de garantía para granos básicos y lácteos, y está impulsando otro de créditos sin interés y a la palabra. Tras la tragedia de Tlahuelilpan, ha insistido en la necesidad de construir las condiciones para que la gente pueda progresar sin aprovechar cualquier oportunidad para violar el Estado de Derecho.

En el proceso aún falta el lanzamiento de programas de capacitación y asistencia técnica que cierren el círculo para impulsar la producción agroalimentaria. Otra forma de sacarle frutos al desierto.

 

@adridelgadoruiz

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