Reelección: ¿se animará?

Reelegirse es más una pulsión humana que de poder; no hacerlo obedece al miedo, no a la Constitución

Gregorio Ortega / Esa política / El Heraldo de México
Gregorio Ortega / Esa política / El Heraldo de México

Imposible saber qué traía en la cabeza Álvaro Obregón cuando decidió reformar la Constitución para regresar al poder. Difícil determinar cuáles fueron las palabras elegidas para convencer a Plutarco Elías Calles. ¿Y cómo saber si sus operadores políticos para lograrlo fueron los diputados Constantino Molina y Alejandro Cerisola, y el senador Manuel L. Acosta u otros?

Apenas transcurridos dos lustros de proclamada la Constitución que avaló legal, ética y moralmente a la Revolución, el caudillo decidió que él estaba por sobre la ley. El brazo mutilado se lo recordaba y exigía. Cuatro años se le hicieron pocos, y –supongo que meditó en ello– necesitaba tiempo para sacarle jugo a los Acuerdos de Bucareli. La historia consigna que el general Obregón triunfó en las urnas, pero también que no tuvo la menor oportunidad de hacerse con el poder. Un balazo lo detuvo… ¿a tiempo? Inútil especular sobre lo que ya no fue.

La Constitución se contrarreformó y la más grave de las consecuencias de ese intento reeleccionista se convirtió en el Maximato, al que le puso final el general Lázaro Cárdenas al subir a un avión a Plutarco Elías Calles para exilarlo en Los Ángeles, California.

Es posible que Cárdenas decidiera ampliar el periodo a seis años, tras decidir que quizá así contenía las pulsiones anímicas para afianzarse a la silla del águila por tiempo indeterminado. ¿Le resultó muy difícil a Obregón convencer al Congreso de la necesidad de la reforma constitucional? ¿Fueron los cañonazos de 50 mil pesos o los argumentos históricos e ideológicos los que movieron a legisladores, o simplemente el temor ante la amenaza de perder la lengua?

Para comprenderlo recomiendo la lectura de Caudillos culturales en la Revolución Mexicana, donde Enrique Krauze recupera para los lectores una anécdota sobre la participación de Vicente Lombardo Toledano en esa reforma constitucional. Defendió la reelección.

Quizá resulte más útil la lectura del mensaje político del último informe presidencial de Plutarco Elías Calles. Él fue el titular del Poder Ejecutivo cuando se decidió y organizó la reforma constitucional que permitió a Álvaro Obregón ganar otra elección, pero también fue quien estuvo al frente de la legitimidad de las acciones políticas del Estado, cuando se decidió contener ese intento de desvirtuar la esencia de una gesta revolucionaria que costó dos millones de vidas y el descabezamiento del Ejército.

Desde entonces algunos de los Presidentes de la República han meditado sobre sus posibilidades reeleccionistas y la manera en que el Congreso reformaría lo que parece no reformable; creen que los electores sumisamente acatarían, pero más que las dificultades legales, lo que los contiene es el miedo a encontrarse de frente con un émulo de León Toral… o con el fantasma de la inteligencia que armó a Mario Aburto.

Se contentan con reelegir el modelo político que les da el poder, se niegan a hacer la reforma del Estado. La promesa y firma de no reelegirse es como lo ofertado en campaña. Se cumple con lo que se puede o no se impide.

 

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