Razones de la resiliencia

El último ingrediente del apoyo al gobierno, pero el más preocupante, se explica por la debilidad extraordinaria de las oposiciones

ALEJANDRO POIRÉ

Después de semanas de desabasto y disrupción económica, y de la trágica explosión de Tlahuelilpan, sorprende quizá que las encuestas de opinión no muestren mella en la aprobación del presidente López Obrador, promotor y vocero de la estrategia de combate al robo de combustible.

No sólo eso, sino que el respaldo de la población sea más alto que, incluso, después de su toma de posesión.

Las razones son menos complejas de lo que parece, y alertan sobre el reto democrático que enfrentamos. No se debe a que los operativos estén bien diseñados o que los costos fuesen ineludibles. Es decir, no es que esa vorágine de decisiones atropelladas tenga una lógica contundente pero inasible para quienes la observamos con azoro.

El por qué de la resiliencia en el respaldo viene de tres factores: el momento político en que se ha lanzado la estrategia, los valores a los que apela, y la ausencia de una voz autorizada que la cuestione.

No llega López Obrador en una luna de miel tan distinta a las de otros presidentes del siglo actual. Con la excepción de Peña Nieto, quien realmente nunca tuvo un apoyo tan entusiasta, pero al igual que Fox y Calderón, AMLO llega a la Presidencia acompañado de un alto respaldo y expectativas favorables. Pero a diferencia de Peña, Calderón, y el propio Fox, el antecesor de AMLO sí acabó hundido en la reprobación generalizada a su gobierno. Eso le ha dado a López Obrador una plataforma completamente distinta a los presidentes panistas, y con la que nunca contó Peña. Es decir, el 53% de los votos que logró AMLO se explica también por la debacle del gobierno de EPN, y esa medida pone un rasero especialmente bajo para la nueva gestión gubernamental. A diferencia de sexenios anteriores, hoy casi cualquier cosa que haga el nuevo gobierno sonará mucho mejor que lo que hacía el anterior.

Especialmente en el tema de seguridad y con la lógica del combate a la corrupción. Se percibe al mismo tiempo tan pasiva y tan corrupta a la administración anterior, que resulta de especial valía el que un nuevo gobierno actúe en materia de seguridad. Más si es decididamente. Más aún si parte de esa lucha es contra la corrupción; por ello es que así se ha presentado la estrategia antihuachicol, porque ese es el valor que mejor califica (aún) a AMLO frente al gobierno anterior.

El otro valor perdurable entre la población es la mano dura contra el crimen. Y por ello ha avanzado en la opinión pública la idea de una Guardia Nacional militarizada, a pesar de estar contra toda lógica democrática y de eficacia. Ello explica también por qué han ido quedando en segundo o tercer plano, o simplemente se han abandonado la idea de amnistía como parte de una política de reinserción, y la legalización de las drogas.

El último ingrediente del apoyo al gobierno, pero el más preocupante, se explica por la debilidad extraordinaria de las oposiciones. Fuera de algún gobernador en su ámbito local, no existe una figura nacional, ni siquiera de Morena, que tenga una voz reconocible o autorizada comparable a la de AMLO.

Ante la agenda legislativa que viene, que incluye elementos que pueden trastocar la solidez del pluralismo, como la revocación del mandato y la propaganda gubernamental, ¿quién podrá esgrimir esa voz opositora firme, congruente, que conecte con la gente y contenga el tumulto?

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