Nuestro sueño wannabe asesinó a Mara

Defendimos a taxistas que operaban sin normas y los dejamos crecer


A mediados de 2015, la ciudadanía mexicana, deslumbrada por el eficiente servicio y el trato cordial de los conductores (no les llamaban choferes, por una clasista corrección política) de Uber y Cabify, los defendió de los ataques de los que fueron objeto por parte de los llamados taxistas callejeros. En ese entonces, el sueño wannabe de las clases medias mexicanas las llevó a ponerse codo a codo con estos prestadores de servicio vía aplicaciones de internet, incluso hasta a oponerse a una regulación por parte de las autoridades, sin pensar en las consecuencias que ello tendría.

El primer llamado de atención que recibimos fue la contingencia ambiental del 6 de abril de 2016 en la CDMX, la cual alimentó la ambición de los operarios de esos sistemas que elevaron sus tarifas hasta 900 por ciento, lo cual desencantó a muchos y, a otros, los estrelló contra el concreto de la realidad al no poder pagar esos servicios.

Ahora, más de dos años después, ambas empresas están en la mira tras el homicidio de Mara Fernanda Castilla, por parte de un chofer de Cabify: el gobierno federal, a través del secretario de Comunicaciones, Gerardo Ruiz Esparza, exige a los gobiernos estatales regular sus servicios, mientras en el Congreso, la Comisión de Transportes de la Cámara de Diputados prepara un dictamen para regularlas. Y es que la brutalidad con la que fue asesinada Mara, de apenas 19 años de edad, es el más grotesco de los despertares de este sueño que, mientras duró, hizo flotar a miles en una burbuja chic.

Más aún, la displicencia, en este caso de la empresa Cabify, indigna: Ricardo Díaz, el chofer y principal sospechoso del feminicidio, fue reclutado aun teniendo antecedentes penales por robo y por formar parte de los huachicoleros, además de que Uber lo había echado apenas en mayo por conductas que ponían en riesgo la seguridad de los usuarios.

 

EL PROBLEMA FUE DE ORIGEN

Ahora bien, ciertamente es justo el reclamo contra la empresa que enroló como uno de sus choferes a este presunto delincuente, también hay que advertir que la solución no está en que el Estado cancele los permisos para estas empresas.

¿Qué pasaría con los más de 20 mil empleos que generan Uber y Cabify? ¿Qué opciones tendrían los choferes que no sea dedicarse a delinquir o adherirse a alguna célula del crimen organizado?

Los usuarios tendrían que regresar al martirio de los taxis callejeros, no menos riesgosos, por cierto, pues al menos con Cabify se pudo capturar al conductor, lo que difícilmente habría ocurrido de tratarse de un taxi tomado en la vía pública.

Estamos en este dilema porque no supimos ser responsables desde el principio. Y, en cierta forma, todos somos responsables por el feminicidio de Mara. Porque defendimos a taxistas que operaban sin normas, evitamos regular estos servicios a tiempo, y los dejamos crecer de manera desordenada. Y todo por nuestro estúpido espíritu wannabe.

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Se concretó la puesta en marcha de la universidad de la delegación Gustavo A. Madero, que gobierna el perredista Víctor Hugo Lobo, y que busca ser una opción real para los jóvenes de la demarcación, pues tiene reconocimiento de la UNAM.

Son cinco carreras las que ofrece: ciencias ambientales para zonas urbanas; Contaduría y Finanzas; Derecho y Seguridad Ciudadanas, y Desarrollo Comunitario en Zonas Metropolitanas, y abre sus puertas en enero a mil 200 estudiantes

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EN EL VISOR: Proyectazo el que trae en manos la compañía Hyperloop One, construir en México un tren que alcanza una velocidad de mil 80 kilómetros por hora y que llegará de la Ciudad de México a Guadalajara en sólo 38 minutos, haciendo escala en Querétaro y León. Y la noticia es mejor, pues es el despacho del consorcio de Fernando Romero quien concretará esa obra que pondrá a México a la vanguardia en transporte mundial.

Columna anterior: El sismo, la TV y el tapado del PRI

 

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