Rappi: la crisis que viene

Las plataformas de entrega con moto o bici están siendo culpadas por problemas masivos de falta de seguridad social, inseguridad laboral y salarios paupérrimos

Rappi: la crisis que viene

Bajé hace unos días por primera vez la aplicación de Rappi a mi celular. Quería probarla. Elegí un producto simple: un pan campesino de la panadería Da Silva. El pan costaría 67 pesos. Sin embargo, con los cargos añadidos por el servicio, la entrega y la propina, terminé pagando 122 pesos. Lo hice en efectivo, pues no quise dejar mi tarjeta. El repartidor llegó en menos de 20 mins. Me felicitó por pagar así; porque con tarjeta me habrían cargado una comisión.

Hace pocos días la cadena española de TV Antena3 presentó un extensísimo reportaje que documenta, analiza y exhibe la profunda problemática que, según ciertas visiones, conlleva un servicio como el de Rappi. Lo hizo con una empresa similar que crece como la espuma en España pero que está basada en Reino Unido: Deliveroo. Rappi y Deliveroo operan de una forma muy parecida.

En el documental se muestran varios problemas: (1) el sistema de estas empresas obliga a que cada repartidor de moto o bici sea trabajador independiente, para no generar obligaciones laborales; (2) la empresa exige al repartidor cumplimiento de horarios y días activos; (3) los trabajadores reciben solo una pequeña proporción del precio del envío – la mayoría lo cobra la app—; (4) varios negocios de comida han cancelado sus motos de reparto frente a la masiva llegada de estas apps de repartidores en España; (5) ya hay huelgas convocadas por repartidores inconformes; y (6) han emergido un sinfín de abogados laborales que pelearán contra estas aplicaciones.

Las plataformas de entrega con moto o bici están siendo culpadas por problemas masivos de falta de seguridad social, inseguridad laboral y salarios paupérrimos en Europa. Los repartidores no alcanzan siquiera los mil euros de ingresos al mes. Muchos son inmigrantes ilegales de Sudamérica.

En México y Colombia —países donde Rappi es fortísima—esta crisis reputacional para este tipo de empresas todavía no llega. Pero no tardará. Esta empresa fue fundada por Sebastián Mejía en Colombia y en México ha llegado a un millón de usuarios en Querétaro, Guadalajara, Monterrey y la CDMX.

Rappi y otras plataformas similares son una genial solución para generar actividad económica a personas sin mucha preparación académica. Quien quiera se puede sumar en libertad, y obtendrá ingresos en función de su esfuerzo. Hasta ahí todo muy bien; excepto porque quienes promueven agendas de izquierda y son muy activos en los medios, pues ya se percataron de la oportunidad: convertirles en el siguiente demonio de la película tecnológica. No se detendrán.

MASTERCARD + HUELLA

La empresa de medios de pago que encabeza Antonio Junco en México presentó una tarjeta con lector de huella digital. Una chulada. Solo se activa la tarjeta cuando se coloca el dedo. Es la llegada de los biométricos al mundo de los pagos.

 

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