Radicalización

El Presidente se mantiene con la idea de gastar fortunas en programas asistencialistas y monopolios energéticos

Julio Patán / Malos Modos / Heraldo de México

Somos muchos los que, perdonarán, estamos cada vez más preocupados. Son varias las razones. La más estridente, tal vez, sea la radicalización del Presidente.

De entrada –se ha repetido, pero va de nuevo–, contra todos los llamados a la sensatez, y desde luego contra toda forma de empatía, se mantendrá firme en su propósito de no usar dineros públicos para que se salven los empleos de miles y miles de mexicanos. 

Ya hablamos en este espacio del estudio del Coneval, que apunta a que en México habrá 10 millones más de pobres. Hablamos también del medio millón más de compatriotas que, hoy por hoy, ya no tienen el empleo que sí tenían en los años negros del neoliberalismo. 

Bueno, el Presidente se mantiene en la idea de gastar fortunas en programas asistencialistas y monopolios energéticos del Estado. ¿Lo pone eso en los terrenos del populismo? Es indiscutible que sí. 

No sabemos aun en qué escala del populismo, es decir, si voltea hacia, digamos el Brasil de Lula, cosa que francamente parece muy optimista, hacia un echeverrismo no tan actualizado o, como temen muchos, de plano hacia el chavismo

Pero en el populismo estamos, porque muy populista, sin duda, es la pulsión de repartir lana a discreción, sin estudios previos mínimamente serios, como populista es el sueño, totalmente guajiro a estas alturas, de que puedes crear un Estado todopoderoso financiado con el dinero del petróleo y anexas. Un populismo, en todo caso, que, repito, parece radicalizarse.

Hay más señales. De manera congruente, con la obsesión petrolera, ya hicimos un tiradero con las energías limpias. Y es uno más, entre los muchos que hemos hecho para ahuyentar la inversión, desde Texcoco hasta aquella planta cervecera que cerramos, hagan el favor, con ooootra consulta chocolata.

Como puede leerse, en clave de radicalización, la intentona de asumir funciones de la Cámara de Diputados, venturosamente rebotada por la oposición.

Como puede leerse, en clave de radicalización, la inconcebible permanencia de figuras como Rocío Nahle, brazo ejecutor del disparate energético del presidente, pero responsable ella misma de la guerra comercial con los saudíes o del conflicto con las empresas de energías limpias, como es propio de esa visión ancestral, ideologizada, del negocio. 

Para no hablar de Notimex, con sus campañas grotescas de agresión a la disidencia y sus notas alucinantes sobre Corea del Norte.

Así que, repito, disculparán nuestra preocupación, pero sí, se juntan las señales inquietantes, las grandes, como las mencionadas arriba, y las no tanto, como la presencia, siempre sí, de médicos cubanos, una presencia que puede responder a muchas razones, pero que, en su gratuidad, en su falta completa de necesidad, da también mucho que pensar.

Y mientras, el pinche virus que no se doma.

POR JULIO PATÁN

COLABORADOR

@JULIOPATAN09

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