Quise sentirme mujer y terminé arrepentido… y muy lastimado

La doctora Ford describió el asalto sexual del que fue víctima y ni gritó, ni se traicionó a sí misma con muestras de furia...

Armando Guzmán /  El qué y por qué desde Washington / Heraldo de México
Armando Guzmán / El qué y por qué desde Washington / Heraldo de México

También hirviendo en rabia y ofendido y cuando ya estaba a punto de darle puñetazos a la mesa, se me prendió el foco, no hay que sentirse mujer para sentir indignación y asco por lo que Estados Unidos el país de leyes, le hizo a Christine Blasey Ford, la mujer que tuvo el arrojo y la insensatez de enfrentarse a su sistema.

La doctora Ford, a los 15 años tuvo la desgracia por la que millones de mujeres han pasado en su vida; cruzarse con un infeliz de mayor fuerza física que la manoseo, se restregó contra ella y le dejó una clara lección de por qué le decimos sexo débil.

A Christine Ford, millones de personas dentro y fuera de EU la conocieron y escucharon por primera vez, cuando esta psicóloga testificó en una de las frías y poco amigables salas del Congreso en Washington, para señalar con 100% de certeza que el hombre al que el sistema seleccionó para aplicar la ley en la Corte Suprema no es un jurista sabio y probo, sino un borracho al que el alcohol convierte en un monstruo violador de mujeres.

Esa mañana, combatiendo el enorme peso de enfrentarse a quienes con el pulgar pueden aplastar a cualquiera, Christine Ford habló con claridad y en voz alta, hizo bromas sobre la cafeína, y reconoció su terror y mantuvo la calma y ​​citó su experiencia científica en cómo el cerebro humano responde al trauma.

En medio del escrutinio brutal de la prensa estadounidense, la doctora Ford describió el asalto sexual del que fue víctima y ni gritó, ni se traicionó a sí misma con muestras de furia. Es claro que su misión era mayor; mostrar su dolor al mundo entero, y señalar al juez Brett Kavanaugh como el autor del asalto sexual que ella sufrió siendo adolescente.

Fuera de la sala donde Christine Blasey Ford testificaba, miles de mujeres incandescentes en rabia, tristeza y horror, sentían indignación y ofensa, pero de una forma nueva y nunca vista; con rabia pública, y sin disculpas. La forma que los hombres nos hemos reservado para usarla nosotros cuando es necesario.

Por eso todos nos sorprendimos cuando le toco el turno al Juez Brett Kavanaugh de defenderse. Porque el si gritó, gruñó, hizo un puchero y lloró furioso ante la injusticia de tener su ascenso al poder interrumpido por las acusaciones de una mujer que el alego era desconocida.

El viernes y el sábado quise sentirme mujer para identificarme con los sentimientos de esos miles de mujeres que durante dos semanas, acamparon en Washington protestando, para lívidas al final ver a 51 de 100 senadores hombres y mujeres, levantarse de hombros y decir: No le creemos a la doctora Ford, y vamos por tanto a poner en las manos del dudoso juez la enorme espada de la justicia estadounidense.

Conclusión: las mujeres en Estados Unidos tienen más derechos y ventajas que las mujeres del resto del mundo, aún así no vaya a creer que son iguales a los hombres. No lo son. Y quizás no lo sean porque hasta hoy no han aprendido a usar la rabia como arma política. Ojala de ahora en adelante esto les enseñé a hacerlo.

 

*Periodista

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