Quinta etapa

Los resultados de julio de 2018 revelaron la cruda realidad de un partido que en sus formas y prácticas recientes son objeto del rechazo generalizado

José Encarnación Alfaro Cázares / Artículista invitado / El Heraldo de México
José Encarnación Alfaro Cázares / Artículista invitado / El Heraldo de México

El Partido Revolucionario Institucional, PRI, arribó a un aniversario más de su fundación a partir del primer antecedente de su constitución.

A sus 90 años, el PRI enfrenta el mayor reto de su vida institucional: refundarse o desaparecer.

Los resultados electorales de julio de 2018 revelaron la cruda realidad de un partido que en sus formas y prácticas recientes son objeto del rechazo generalizado de la ciudadanía, al identificarlo con las acciones y vicios más negativos de la actividad política y de gobierno: la corrupción, el abuso en el ejercicio del poder, la impunidad, la soberbia, la ineficacia, la defensa de intereses oligárquicos ajenos al interés del pueblo, los excesos y el escandaloso enriquecimiento de una cúpula política gobernante.

De poco le ha servido el haber sido el constructor del México democrático que hoy vivimos; muy poco pesan en la balanza del juicio popular sus valiosas aportaciones en la edificación de instituciones sin las que no se podría explicar los grandes avances que hemos logrado como nación.

Por eso hoy le es urgente iniciar una nueva etapa; la quinta, si atendemos a su desarrollo histórico.

La primera es la de su nacimiento como Partido Nacional Revolucionario en 1929 para mantener la unidad nacional en torno al proyecto de nación inscrito en la Constitución Política de 1917; segunda, la creación del Partido de masas, el Partido de la Revolución Mexicana, que acomete la justicia social; tercera, la construcción del México moderno a partir de 1946 con el PRI, para convertir en instituciones sólidas el programa social de la Revolución Mexicana; etapa que concluye al perder la Presidencia de la República el año 2000

La cuarta etapa del PRI se ubica en su papel como Partido en la oposición, del 2000 al 2012; periodo en el que logró reorganizarse y fortalecer su democracia interna, hasta recuperar la confianza de la ciudadanía para ganar nuevamente la Presidencia de la República.

A partir de entonces se debió iniciar la quinta etapa del partido, como un partido con autonomía frente al gobierno que emergió de sus filas, que consolidara su democracia interna y se constituyera en un partido de causas al servicio de la sociedad.

Pero contrario a ello se restableció un sistema autoritario, vertical y sin rumbo ideológico.

En este contexto, el debilitamiento partidario abrió espacio al oportunismo, a la corrupción y a la impunidad, y el partido se desdibujó, exhibió ante el electorado y ante su propia militancia indefinición ideológica, programática y fisuras éticas provocadas, lo cual lo alejó de sus bases y de sus públicos electorales.

Para el Partido Revolucionario Institucional llegó la hora de iniciar su quinta etapa.

Para ello deberá definir con claridad su alineamiento ideológico y programático para constituirse en una efectiva opción de gobierno; y tendrá que profundizar su democracia interna para regresar el partido a sus bases, eliminando las visiones y prácticas patrimonialistas de grupos oligárquicos que tanto le han hecho daño.

 

@joseealfaro

 

 

 

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