¿Quiénes se encargarán de nuestra renovación moral?

Sin pretender exagerar, todos hemos compartido de alguna u otra forma el mal momento por el que pasa el ánimo nacional.


Sin pretender exagerar, todos hemos compartido de alguna u otra forma el mal momento por el que pasa el ánimo nacional.

El tsunami de información sobre actos de corrupción ya ha hecho efecto en el entusiasmo de los mexicanos. Cualquier información cuya fuente sea oficial -pública o privada- es blanco de las dudas. El sospechosismo está instalado en un lugar de la psique nacional que impide apreciar las cosas en su justa dimensión.

Nunca como ahora hemos desconfiado tanto de políticos, partidos y gobernantes. Y creo que nunca como ahora hemos desconfiado tanto unos de otros.

Hace 25 años, el candidato Miguel de la Madrid ofreció en campaña una renovación moral, consciente de que la estela de corrupción arrastraba a México a un destino incierto. Aunque se construyeron algunas instituciones, la intención no bastó y los resultados de ese ofrecimiento están a la vista.

Por eso, ningún aspirante a resultar electo presidente en las elecciones del 2018, puede anticipar que su triunfo impactará positivamente en las normas y valores de una población alicaída, ansiosa de actos o personajes que mejoren el humor.

Frente a esa realidad, la tarea de transformar la vida pública puede recaer en otras instituciones o grupos, pero cada uno de ellos enfrenta sus propias crisis.

No sé si las organizaciones ciudadanas, con causas nobles pero enfrentadas entre sí por intereses políticos o económicos.

Quizá los empresarios, pero están más preocupados en que la competencia feroz impuesta por la globalización no pulverice sus negocios.

Pudieran ser las universidades, aunque las públicas lidian con la falta de recursos y una matrícula saturada y las privadas luchan por atraer al poco alumnado capaz de pagar lo que cuestan las asignaturas.

En un tiempo pudo ser la iglesia, pero los escándalos también la han alcanzado. Qué decir de los
intelectuales, quienes han sido una guía imprescindible en el quehacer público nacional y por lo mismo, descalificados por su acercamiento al poder.

Ni hablar de los medios de comunicación o periodistas, tan vapuleados en la era de las redes sociales.

El desafío es monumental. ¿Quiénes se encargarán de nuestra renovación moral?. Me queda claro que la tarea es de todos, porque las instituciones están hechas de personas. Hoy hace falta que alguien de los mencionados levanten la mano. Se los vamos a agradecer.

CONTRASEÑA: En una era en la que muchos dan por desahuciado al periodismo impreso, es una gran noticia que vean la luz nuevos proyectos como El Heraldo de México. Más aun cuando lo encabezan un entusiasta cuerpo de directivos y un grupo talentoso de periodistas. Gracias a Franco Carreño y el equipo que lo acompaña por la invitación a formar parte de estas páginas. Con la emoción de ser nuevo en este género del periodismo, aquí le daremos Acceso Libre a la opinión, la reflexión y la información.

Twitter: @Carloszup

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