¿Quién quiere fuera a Nestora Salgado?

Salgado dejó Guerrero muy joven y se fue a vivir a Estados Unidos, abandonó a su esposo por maltrato y ayudó a otras mujeres a librarse de los abusos en un centro comunitario

¿Quién quiere fuera a Nestora Salgado?

La escena matutina usual era como la de muchas parejas en un barrio modesto en las afueras de una gran ciudad estadounidense. Despertaban en la mañana, ella hacía el desayuno, comían juntos, él se iba a trabajar, ella hacía ejercicios, cocinaba, cuidaba a los nietos. Antes de esta rutina apacible, fuera de los reflectores José Luis Ávila cabildeó durante tres años la liberación de su pareja, la comandanta de la policía comunitaria de Olinalá, Nestora Salgado, y la sacó de México cuando ella recibió amenazas de muerte.

Salgado dejó Guerrero muy joven y se fue a vivir a Estados Unidos, abandonó a su esposo por maltrato y ayudó a otras mujeres a librarse de los abusos en un centro comunitario. Volvió a su pueblo décadas después, al enfermar su padre. Se convirtió en comandanta de la policía comunitaria, ante el crecimiento de la violencia en su tierra.

En las estadísticas, Guerrero se ha convertido durante cuatro años consecutivos en el estado más violento de México, con más de 10 grupos criminales disputándose las rutas de tráfico de drogas. Las cifras dicen que con la policía comunitaria bajaron 90% los crímenes en Olinalá.

Un estudio jurídico publicado en abril afirma que hubo abusos de esta policía contra los detenidos. El documento, obtenido por el diario El Financiero, asegura que los abusos quedaron fuera de la recomendación de la CNDH por el caso Nestora, que analizó la validez jurídica de una policía comunitaria en una población indígena y dio la razón a Salgado, pero no indagó en el trato que recibieron los detenidos por esta policía.

Durante el segundo debate presidencial, José Antonio Meade dijo que Salgado es una secuestradora y que salió de la cárcel por fallas en la policía. Ella anunció que lo demandará por daño moral. Dijo que ha puesto su vida en peligro ahora que ha regresado a México para ser senadora por Morena. Si uno se asoma a la historia carcelaria de este caso –considere o no a Nestora como culpable de secuestro– verá la peor cara del gobierno mexicano. Los jueces que la liberaron y la determinación de la ONU al considerarla presa política muestran los detalles: fue detenida arbitrariamente, se le trató como una presa en extremo peligrosa, se le aisló, le hacían oler la comida mientras estaba en huelga de hambre, fue incomunicada, padeció maltrato psicológico. Algunas fuentes cuentan en un susurro que había un trasfondo mayor en el caso y en realidad el problema fue que la comandanta descubrió las rutas de trata de mujeres que pasaban por su territorio.

En 2016, ella salió libre por orden judicial y puede contender por un puesto público. ¿Por qué Meade la usó como arma contra López Obrador, para luego matizar su dicho y alegar que fue malinterpretado? Cuesta pensar que este discurso sea idea de Meade, un hombre que se había caracterizado en toda su vida pública por la conciliación.

¿Quién quiere fuera de la política a Salgado? ¿Quién teme que ella, desde el Senado, ponga la lupa en los acuerdos más oscuros del México narco?

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