¿Quién podrá defendernos?

López Obrador es, entre otras cosas, reflejo de una oposición partidaria desfondada y deslegitimada, abatida y sin liderazgos nacionales

ALEJANDRO POIRÉ
ALEJANDRO POIRÉ

Si usted no es de 30 o más, quizá la referencia no le suene; entonces explico. En El Chapulín Colorado, esa serie de TV sobre un ridículo superhéroe de peligros sin importancia, llegaba un momento dramático en que los indefensos le invocaban precisamente con esa frase, y El Chapulín aparecía gritando ¡yooo!.

A veces parece que la ciudadanía opuesta a AMLO vive ese momento político: con cada paso torpe o alarmante del nuevo gobierno (cuente usted, no son pocos: NAIM, reducción de sueldos y prestaciones, despidos indiscriminados, Tren Maya, huachicol, Conacyt, fiscalía no autónoma, ley Taibo, Guardia Nacional, fin al seguro popular y las estancias infantiles, nuevos comisionados de la CRE, censos partidistas de beneficiarios, ataques al TEPJF, presupuesto del INE e INEGI, etc.) se incrementa el terror de que el éxito político de Morena signifique la consolidación de un régimen hegemónico. Ante ese miedo, como en la serie infantil, se levantan los brazos y se encogen los hombros. Se voltea alrededor y se hace la pregunta que titula esta columna, con ganas de que alguien, quien sea, tome el estandarte de las libertades, el pluralismo, la prosperidad y la democracia; alguien que, chipote chillón en mano, se enfrente con éxito al populismo conservador. Pero ese superhéroe instantáneo simplemente no llegará. Y quizá esto sea bueno. Mucho se ha discutido, incluso aquí mismo, que la enorme popularidad de López Obrador es, entre otras cosas, reflejo de una oposición partidaria desfondada y deslegitimada, abatida y sin liderazgos nacionales. Ello difícilmente cambiará, pero el escenario de híper-aprobación no perdurará. Por un lado, porque es tan torpe el ejercicio de gobierno y tan riesgoso el entorno internacional, que lamentablemente la economía acabará cobrando factura. Por otro, porque el mismo desamparo genera oportunidades de liderazgo cuando el superhéroe no aparece. Cada día que pasa, con cada ocurrencia proveniente de Palacio, se incrementan también, a la par de las invocaciones al superhéroe desconocido, los planes, ideas y tareas de quienes se resisten a la destrucción del incipiente México liberal de la vuelta del siglo XXI. Se escucha la convicción de jóvenes, artistas, académicos, líderes sociales y empresariales, periodistas, políticos, luchadores sociales y miles de otros actores, resueltos a decir que no pasarán. Que no seremos nunca más país de un tlatoani ni proyecto de una sola corriente. Que México no requiere un Chapulín Colorado como tampoco anhelaba un mesías tropical. Que no destruirán el sueño de libertad e igualdad en el que el color de la piel, la religión, la preferencia e identidad, el código postal, la ideología o en su nueva expresión la adhesión a un movimiento, determinen el acceso a los derechos y las oportunidades. Que el mandato de julio de 2018 no fue más que un repudio profundo al gobierno saliente y las alternativas disponibles, y nunca una autorización para volver a un pasado desastroso. Y en esa resolución surgen las ideas. Se van formando las redes. Se construyen de nuevo los proyectos y se forja la certeza de que el momento de México es el de las personas valientes. Que con todo y el miedo de enfrentar el sectarismo del poder, sabremos reconstruir y hacer cierto el sueño de una patria libre, justa y próspera para todos. Se puede. ¿Qué le toca a usted?

 

Por ALEJANDRO POIRÉ

@ALEJANDROPOIRE

¿Te gustó este contenido?




Lo mejor del impreso
OpiniónTal cual

Tal cual