¿Quién es leal y quién sabandija?

La promiscuidad ideológica de la 4T —liberales y conservadores encamados— es pieza central del proyecto político

Ricardo Pascoe / Mirando al otro lado / El Heraldo de México
Ricardo Pascoe / Mirando al otro lado / El Heraldo de México

La lideresa del partido oficial reconoce que militan, en su organización, gente leal junto con sabandijas y traidores. Esa es la piedra angular fundacional del partido que mezcla en su interior ideologías de liberales y conservadores, sin una plataforma política coherente.

Un binomio de senadoras morenistas de la República así lo confirma. La ex senadora Olga Sánchez Cordero ha confirmado su oposición a que se legalice el aborto, descartando que las mujeres puedan ejercer la decisión sobre el uso/destino de sus cuerpos. Concluye que el Estado estará obligado a prohibir cualquier acción que favorezca esa actividad proscrita.

Dejó el Senado para asumir la responsabilidad como secretaria de Gobernación. En su lugar llegó la actriz Jesusa Rodríguez, activista de la cultura y defensora de los derechos de la comunidad LGBTI+. La ahora senadora hizo una declaración confusa acerca de las hembras de todas las especies, afirmando que defiende los derechos iguales de todo lo femenino: humanas, vacas, puercas, burras, etc. Siguiendo ese mismo espíritu sobre los derechos de todo lo femenino, es razonable suponer que la senadora Rodríguez apoyaría el derecho de todas las especies a abortar si así lo considerasen de su interés.

En este binomio de morenistas contradiciéndose encontramos la esencia de una dicotomía política, una bipolaridad de pensamiento, imposible de comprender cómo es que ambas concepciones del mundo puedan coexistir, no en el mismo mundo, porque eso no es tandifícil de entender, sino dentro del mismo partido. ¿Quién es leal y quién la sabandija?

Obviamente Morena no es un partido real, sino una congregación de opiniones diversas. Este universo morenista de opiniones político-ideológicas, no digamos diferentes, sino francamente contradictorias, es quizá lo más cercano a nuestro alcance para explicar por qué tenemos un gobierno confuso y contradictorio.

La explicación de por qué tenemos un gobierno que dice una cosa un día, y al siguiente otra, contradiciendo el ofrecimiento anterior, es debido a que se mueve, interiormente, sobre un vehículo cuyas ruedas se mueven en direcciones opuestas. Todo ello no sólo conduce a la confusión. Lleva directamente a la construcción de políticas públicas que contienen un alto contenido de fantasía.

Racionalidad económica es veneno puro para este gobierno, que quiere prometer sin autocontención. Promete becas para todos, promete salarios regalados, promete no subir impuestos, promete austeridad presupuestal, promete bajar gasolinas, promete altas tasa de crecimiento, promete inversión pública y obras como nunca. Juntas, la racionalidad económica, Marx y las casas calificadoras, dirían: todo eso, junto así, no existe, ni en México ni en China.

La racionalidad económica reacciona ante la fantasía del gobierno sobre nuestro Pemex, no ese Pemex de los años 60 que ya no existe, afirmando que las cadenas de refinación no responden a aquella lógica ni las fuentes de energía limpia están en la ruta del consumo voraz de combustibles fósiles, cuya extracción del subsuelo mexicano se ha reducido sustancialmente.

Otra característica de la racionalidad económica mexicana es el flujo de efectivo que produce el crimen organizado en su vasta diversidad. Esa lluvia de dinero que no paga impuestos es un atenuante a la miseria económica de amplias zonas del país, al igual que las remesas provenientes del exterior.

Esas economías informales tocan las vidas de igual número de personas, o incluso más, que los impactos de la economía formal (la que paga impuestos) y los programas sociales del gobierno (que son financiados por los impuestos).

Los recursos informales del crimen organizado y las remesas impactan negativamente sobre el proyecto político del gobierno federal. Todo lo que huela a autonomía y libertad es veneno puro para el gobierno de Morena. Su intención es controlar a la sociedad a través del presupuesto, usándolo como instrumento de represión y contención.

Igualmente quiere ejercer su dominio político controlando el presupuesto de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como a los empresarios a través de contratos de obra pública, llegando hasta jóvenes, ancianos, estancias infantiles y refugios para mujeres en situación de violencia.

El crimen organizado también es a la mesa de negociaciones. La idea es que toda la sociedad mexicana sepa de dónde viene ese goteo de dinero que recibe y, lo más importante, de parte de quién llega. ¿Mantendrá el amor con dinero? ¿El amor es lealtad?

La promiscuidad ideológica de la 4T—liberales y conservadores encamados— es pieza central del proyecto político. Quiere dominar forzosamente a toda la sociedad, como lo pretendió el PRI en su momento. Narcotraficantes y empresarios, feministas y antiabortistas, extrema izquierda y extrema derecha, creyentes y ateos: todos caben en un proyecto sin ideología, pero que les regala algo a todos, siempre subordinados al proyecto de poder. No importa quién es leal y quién sabandija.

 

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