¿Qué hacer con los Trumps mexicanos?

En siete años han cerrado siete albergues para migrantes en México por protestas de vecinos que los tildan de marihuaneros, peleoneros y ladrones


No es para tomar a la ligera cuando se habla de actitudes xenófobas en México similares a las presidente estadounidense Donald Trump entre algunos ciudadanos y autoridades que rechazan la presencia de inmigrantes en sus respectivos poblados, como ocurrió recientemente en Chahuites, un municipio de la costa oaxaqueña.

Leobardo Ramos, alcalde de la localidad que entró en funciones el pasado mes de enero, escandalizó esta semana por sus declaraciones frente a activistas de derechos humanos –entre ellos el asistente del sacerdote Alejandro Solalinde- a quienes solicitó cerrar el albergue que se encuentra en la cabecera municipal. No los queremos, son revoltosos, traen inseguridad, dijo.

Pero Ramos no es ni remotamente el primero en gritar a los cuatro vientos su rechazo hacia cientos de miles de centroamericanos que vienen al país para llegar a Estados Unidos o para quedarse aquí y huir del infierno de drogas, extorsiones y reclutamientos forzados en Honduras, El Salvador y Guatemala, donde la Mara Salvatrucha se alió con cárteles mexicanos.

En siete años un mismo número de albergues para migrantes en México ha cerrado por protestas de vecinos que tildan a los migrantes de marihuaneros, peleoneros, ladrones y fanfarrones de música estridente, andares de chulo y desinhibidos comportamientos públicos.

Se bañan en la calle con el pilín de fuera, detalló el alcalde Ramos cuando le pregunté sobre las razones para querer clausurar el albergue de Chahuites o por lo menos trasladarlo a otra localidad.

Los pobladores anti inmigrantes dicen que los responsables de los albergues no pueden controlarlos y los problemas se extienden a la calle: el 10 de mayo el festival del Día de las Madres en Chahuites remató con una pelea a machetazos entre centroamericanos.

Lo cierto es que los activistas defensores de los indocumentados no son la autoridad y bastante hacen con darles de comer pero las alcaldías tampoco tienen ni la capacitación ni la infraestructura para enfrentar a grupos de la delincuencia organizada que se infiltran entre los migrantes.

Ramos asegura que han intentado de todo y sin éxito para pedir ayuda del gobierno estatal y federal: desde hablar personalmente con el gobernador Alejandro Murat a enviar a los migrantes detenidos in fraganti al Instituto Nacional de Migración pero ni siquiera ahí los quieren y mientras tanto los chahuiteños amenazan con tomar la presidencia.

En los hechos está solo igual que los inconformes porque el gobierno federal no tiene una política consistente sobre qué hacer con la inmigración indocumentada debido a su doble papel de pedir que no expulsen a los mexicanos de EEUU y al mismo tiempo echar al año a casi 200,000 sin papeles. Por tanto, administra, no resuelve el problema.

En medio de esta ambigüedad no es de extrañar que cada día se manifiesten nuevos inconformes al estilo Trump a la mexicana como una enfermera capitalina que se quejó en estos días en un autobús del transporte público plagado de hondureños, ¿qué hacen aquí? Ya somos muchos, dijo.

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