¿Qué hacemos con los Pueblos Mágicos?

El futuro para este programa exitoso de la Sectur no es sencillo, de cara a la siguiente administración, donde Miguel Torruco estaría al frente de la Secretaría, según Andrés Manuel López Obrador

¿Qué hacemos con los Pueblos Mágicos?

Este me gusta. Así cerró la charla Eduardo Barroso ante la propuesta de su colaborador Alejandro Morones –era el 2000 y Eduardo fungía como subsecretario de Operación Turística– incluso, pasaron sobre la idea que proponía el influyente subsecretario de Planeación: Francisco Madrid, quien deseaba que el programa se llamara Pueblos con Encanto –que a la postre lo retomaría el Estado de México‒ y se quedó en: Pueblos Mágicos.

El futuro para este programa exitoso de la Sectur no es sencillo, de cara a la siguiente administración, donde Miguel Torruco –que estaría al frente de la Secretaría, según López Obrador‒ se ha inclinado por lo turísticamente cabal pero políticamente incorrecto.

La disyuntiva es aumentar el número de localidades que desean la categoría de Pueblos Mágicos, o decrecerlas hasta lograr el ideal turístico operable. Con la primera opción; le llenaría el ojo al presidente electo, generando beneficio social y económico a comunidades necesitadas.

En caso de tomar la segunda alternativa; Torruco, definiría su quehacer en el sexenio, porque hasta ahora, ningún guapo (a) ha querido entrarle al tema.

Ahora hay reglas claras, sólo deben aplicarlas. En la época en que Rodolfo Elizondo ocupaba las oficinas de Masaryk 172, se le ocurrió que Concordia podía ser incluido en el programa. Que pasó secretario, que tiene de mágico ese lugar, espetó uno de sus directores. Pues está a un lado de la carretera a Durango, tiene historia y hacen unos muebles muy bonitos… pero tienes razón, en que estaba pensando. Así fue al principio.

Hoy, la marca Pueblos Mágicos es una de las más reconocidas del país.

En las 111 comunidades que gozan de este distintivo viven más de 6 millones de personas, cantidad superior a la población que habita los Centros Integralmente Planeados (CIP) y todos los centros de playa de la República Mexicana. En conjunto, los Pueblos Mágicos aportan una derrama económica que asciende a más de 1.4 por ciento del PIB, ésta es superior a la captación de México en turismo fronterizo y por arriba de lo que nuestro país capta por cruceros internacionales al año.

Para definir a los pueblos jugadores, hay que eliminar destinos por arriba -los que tienen un grado de maduración turística, como hicieron con San Miguel Allende, en su momento‒ y por abajo; aquellos que no cumplen con las reglas, principalmente el ambulantaje y falta de servicios.

Con tal de evitar suspicacias de los visitantes –se viven experiencias y servicios diferentes, en un pueblo minero en que uno en la playa‒ habría que darles distintivos, a través de su producto diferenciado.

Pero lo principal: certificar que los comités de los pueblos, estén organizados por gobernanza.

 

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