¡Qué grande es el boxeo mexicano!

El mexicano Demoledor Cano derrotó al venezolano Jorge Niño de Oro Linares, en Nueva York

¡Qué grande es el boxeo mexicano!

El viernes pasado, el mexicano Pablo César Demoledor Cano subió al cuadrilátero en Nueva York para enfrentar al súper favorito Jorge Niño de Oro Linares, venezolano multicampeón mundial en diversas divisiones.

Los expertos tenían a Linares como favorito por 20 a 1, y según estos, era cuestión de ver la pelea simplemente para observar cómo sería el nocaut. Lo que ninguna fórmula considera, entre sus variables, para análisis de probabilidad de resultados en el boxeo, es precisamente la sangre y el coraje.Nunca se puede dar a un boxeador azteca como perdido antes de un combate, es guerrero, tiene hambre, su orgullo va más allá de cualquier estatus; está dispuesto a dar su vida arriba del ring.

Pablo César Cano salió como una fiera al sonar la campana, derribó a Linares en tres ocasiones, en el primer round, hasta que el réferi intervino para detener el combate.

Con este triunfo, Cano retuvo su campeonato internacional del Consejo Mundial de Boxeo (CMB), y se posicionó para buscar una pelea por el campeonato mundial superligero de nuestro organismo.

Cano llegó a la pelea acompañado de su equipo de trabajo, su padre, hermano y un par de personas más. Mientras que Linares lo hizo con un séquito grande, Golden Boy Promotions, acompañados por su promotor mundial, desde Japón (Teiken Promotions), y demás.

Cano usó el mismo uniforme de sus últimas dos peleas, shorts discretos, y con la gran palabra en el frente, de México. Y con sus guantes hechos en México, rojos, marca Cleto Reyes. En la esquina contraria vimos al multicampeón subir con un uniforme precioso exclusivo para esta pelea con perfecta combinación con sus guantes de marca Venum. Y en sus shorts en letras grandes mayúsculas la palabra de su patrocinador, la poderosa marca de relojes suizos Hublot.

En la conferencia de prensa, en los exámenes médicos, en el pesaje, y en cada acto donde intervenían terceros, Cano siempre fue tratado como un boxeador de relleno, mientras que a Linares se le trataba como el gran campeón.

Esa es la historia de un boxeador humilde, que con sus puños conquistó la gloria en la meca del boxeo, teniendo que derrumbar muchos más obstáculos antes de enfrentar a su rival, a quien dominó en tan sólo 152 segundos.

El mexicano merece ser reconocido en nuestro país y en el mundo entero, ya que donde se presenta en cualquier lugar está la gran posibilidad de triunfo. Es el boxeo, el que más medallas olímpicas le ha dado a nuestro país, y éste mismo deporte nos ha dado la gran satisfacción de coronar a más de 200 campeones y campeonas mundiales.

Anécdota de hoy

Me encontraba en el hotel Hilton de Las Vegas, y cuando viajé desde Massachusetts para encontrar a mi papá en La Ciudad del Juego, porque ya tenía meses de no verlo, pues me encontraba estudiando en la preparatoria en Estados Unidos y fue él quien me compró un boleto de avión para alcanzarlo.

El motivo de este viaje era para acompañar a don José durante la pelea del campeón mexicano, Julio César Chávez, que enfrentaba a quien era el considerado como el número uno de todas las divisiones en ese momento y amplio favorito, el boricua Edwin El Chapo Rosario.

Chávez era parcialmente conocido, pero toda la atención estaba con Rosario. El Chapo era el campeón en la división ligera, y Julio, venía subiendo de peso superpluma para esta importante pelea.

Chávez estaba acompañado por su entrenador Cristóbal Rosas, su hermano Rodolfo, y unos cuantos compañeros, donde ese grupo no era más de seis personas, mientras que su rival de Puerto Rico, llegaba con un séquito impresionante que incluía un grupo de salsa y estaba encabezado por Mike Tyson, quien apoyaba incondicionalmente a Rosario sobre Julio.

Cuando vi esto antes de que iniciará la ceremonia del pesaje oficial, me quedé sorprendido y absolutamente intimidado, ya que Rosario y su equipo no se cansaba de lanzar retos y humillaciones al mexicanito que estaba sentado en una silla esperando a que se le llamara para subir a la báscula.

Los dos dieron el peso y el grupo de Rosario continuó con los insultos hasta que salieron del salón.

Cuando llegamos al cuarto de mi papá, le comenté de manera tímida:

Oye, papi, pobrecito Chávez, que paliza le van a dar, viste cómo llegaron todos los puertorriqueños y qué agresivos están y el pobre ahí sentadito solo.

Uy, mijito, contestó mi papá. El que debe de estar preocupado es Rosario, porque está ocultando su temor detrás de todo ese grupo de personas que lo acompañan, mientras que Julio ahí sentadito está tranquilo, y confiado, esperando a subirse al ring.

Además déjame contarte que vino un ayudante de Don King, Eddie Maffuz, y le dijo a Chávez que Rosario y su mamá están espantados, y le pusieron una brujería y tienen la foto de Julio César en una cubeta con hielo, agregó.

Eddie le recomendó a Chávez subir vestido de rojo para contrarrestar la brujería.

Y esa noche, Julio subió al ring del Hilton de Las Vegas con una cinta roja amarrada en su frente, y ahí nació la tradición, que durante toda su carrera continuó, y que, inclusive, ahora algunos boxeadores lo hacen, pero ya con motivos promocionales y de patrocinio.

Chávez dominó absolutamente a Rosario, dándole una golpiza y le arrebató el título mundial de peso ligero, y lanzándolo hacia el estrellato para después lograr una de las carreras más importantes de la historia del boxeo mundial.

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