¿Qué es el futbol?

Una de las cosas más bellas de un deporte colectivo es la idea de grupo, de solidaridad. Once corazones latiendo a un mismo ritmo, pies y cabezas que se unen para defender y buscar el gol

¿Qué es el futbol?

 

# CUADERNO DE VIAJE

Inició el Mundial con la goleada de Rusia sobre un anteproyecto de equipo, el de Arabia Saudita. Muchas facilidades dio el candoroso conjunto árabe. Los rusos fueron engordando el marcador con lujo de facilidad, con el desparpajo de quien se bebe un shot de vodka para sacudirse el frío en Siberia.

Ver la manera en que el público de todo el mundo se vuelca sobre la actividad de la Copa número 21 de la historia comprueba la magia unificadora del futbol.

Es tan noble como los aficionados mexicanos, que cada cuatro años van de la decepción a la ilusión renovada. Viajan a donde sea menester, así tengan que atravesar el mundo, con tal de apoyar a su Selección.

No podría hacer un llamado (ni que fuera una entidad superior), pero sí hago votos porque tengan un comportamiento cívico y no den la nota desagradable como en otros Mundiales. Ojalá que su consumo etílico sea moderado y sean respetuosos del país que visitan.

El futbol, bendito invento. Mi padre me transmitió el gusto y la pasión por el que Ángel Fernández llamó el juego del hombre.

Es un deporte que encanta por dinámico, por emocionante y por sencillo. El balón siempre está en juego, al alcance de los 22, sin que ninguno de ellos pueda confiscarlo por unos segundos, con excepción del portero.

Una de las cosas más bellas de un deporte colectivo es la idea de grupo, de solidaridad. Once corazones latiendo a un mismo ritmo, pies y cabezas que se unen para defender y buscar el gol.

Entrar a un estadio y ver ese reluciente campo verde es de las sensaciones más agradables que uno puede experimentar. El aficionado común no se complica la vida pensando en la complejidad de la estrategia; quiere que caigan goles y que su equipo gane. Siempre he estado cerca de una pelota, de sus botes hipnóticos.

Jugábamos horas enteras en la calle. Dos marcas con gis o dos pequeñas piedras formaban las porterías. A menudo la pelota se volaba al jardín de una casa, se ponchaba o se metía debajo de un coche estacionado. Había que echarle habilidad para zambullirse y rescatar el esférico de plástico de aquella trampa de fierros.

Se hacía tarde y mi madre se desgañitaba desde la ventana, pidiéndome que ya me metiera a terminar la tarea. Yo soñaba despierto que era jugador del Atlante, y que las lámparas de la calle eran el alumbrado del Estadio Azteca. En la escuela, se hacía insoportable la espera de la hora del recreo para salir corriendo a la cancha a jugar. Feliz infancia con las rodillas raspadas.

 

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