“Qué bueno que ayuden a centroamericanos, pero no se olviden de nosotros”

Necesitamos reforzar los recursos, programas y políticas para atender a nuestros migrantes

Vanessa Rubio  / Heraldo de  México / Columna Editorial
Vanessa Rubio / Heraldo de México / Columna Editorial

Hace unos días tuve la oportunidad de visitar el puerto fronterizo de El Chaparral-San Ysidro que comunica a Tijuana, Baja California, en México, con San Diego, California, en Estados Unidos. Pensaba ver filas y filas de migrantes centroamericanos y algunos africanos esperando cruzar la frontera hacia EU.

Resulta que los viernes es cuando menos se suscita esta demanda y vi a los migrantes más bien en la ciudad, algunos realizando trabajos informales, otros pidiendo dinero en los cruces y a otros, en los albergues. Me contaron que en la explanada previa a la puerta peatonal de El Chaparral, se juntan los migrantes, quienes se anotan en una libreta (controlada por un líder migrante). La autoridad de EU aparece en algún momento del día y da el veredicto: hoy se aceptan a x número de solicitantes de asilo, y entonces, de acuerdo al orden de la libreta, pasan a entrevista en el país vecino. Y así se van los días, y así siguen acumulándose migrantes del lado mexicano.

En las instalaciones de Migración me tocó ver a personal comprometido, capacitado y humano que les brinda alimento y atención médica. En una de las puertas fronterizas, diariamente EU presenta a grupos de migrantes que están siendo deportados a nuestro país. Los que traen documentos que los acreditan como mexicanos (principalmente la credencial de elector) realizan un trámite más expedito de registro y quienes vienen sin documentos pasan una entrevista más exhaustiva para confirmar su nacionalidad.

Conversé con un paisano originario de Nayarit que recién había sido deportado. Iba triste pero sobre todo cansado. Me dijo que regresaba a su pueblo y que ahorraría de nuevo para volver a probar suerte. Le pregunté si había utilizado los servicios de algún pollero y si se había gastado sus ahorros o debía dinero. Me contestó que por fortuna no, que se había venido solo y no debía nada, por eso intentaría cruzar de nuevo pronto.

No es la primera vez que visito la frontera norte, lo he hecho varias veces y también otras más la del sur. Ello no quita que cada vez sienta uno el alma apachurrada por este fenómeno tan natural, y al mismo tiempo tan complejo, tan riesgoso, tan politizado, tan desalmado, y la mayoría de las veces tan incomprendido y manipulado.

Un comentario sin precedente que escuché en repetidas ocasiones en esta visita: Qué bueno que ayuden a los centroamericanos, sobre todo por la presión de EU, pero no se olviden de nosotros, los migrantes mexicanos. Pregunté a la autoridad sobre los números: por cada migrante centroamericano en Tijuana, nos regresan a cinco mexicanos.

Definitivamente necesitamos reforzar los recursos, programas, políticas y acciones para atender a nuestros migrantes que siguen existiendo y siguen necesitando apoyos.

POR VANESSA RUBIO

SENADORA DEL PRI

@VRUBIOMARQUEZ

eadp

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