¿Pues no que estaban confiados?

López Obrador ya les respondió a los empresarios que, si en la construcción del nuevo aeropuerto descubre algún “chanchullo”, va a cancelar el proyecto

¿Pues no que estaban confiados?

¡Quién entiende a los empresarios! Primero, los banqueros afirman que no tienen miedo si Andrés Manuel López Obrador o Ricardo Anaya ganan la elección presidencial (a José Antonio Meade no lo mencionamos porque es su gallo); dicen que van a coopelal para que el próximo gobierno pueda alcanzar sus metas y a contribuir al bienestar para las familias. Después, el presidente del Consejo Coordinador Empresarial se asusta y se sube a una mesa cuando se entera que el domador del tigre, al que le están jalando la cola desde hace varias semanas, advierte que él no va a hacer nada para controlar al animalito si éste se suelta por algún fraude electoral.

Ante esta situación, banqueros y empresarios demandan a Andrés Manuel López Obrador respeto a la democracia y a las instituciones. En el sector privado nos parece inadmisible que se promueva una actitud de desconfianza y, mucho menos, que se fomente el uso de la fuerza. La voluntad de los ciudadanos es inapelable, tanto el respeto a la Ley y sus instituciones es imprescindible, afirma el presidente de los cupuleros.

¡Cínicos, sinvergüenzas! Gritan quienes recuerdan que esos mismos empresarios  confesaron en abril del 2012, que en la elección presidencial del 2006 (donde ganó Felipe Calderón) promovieron y patrocinaron la guerra sucia contra el tabasqueño para que no llegara al poder, y presumieron que habían contribuido al fraude.  Al salir de una reunión que los cupuleros sostuvieron con el tabasqueño hace 6 años, se soltaron de la lengua y comentaron: Nosotros no creemos que el verdadero cambio que promete el tabasqueño beneficie a todos los mexicanos; tampoco queremos un cambio sin rumbo como el que prometió Vicente Fox en el 2000; ni un cambio con rumbo desconocido (como el de Felipe Calderón). Nada de eso, queremos seguir gozando de los privilegios que nos han otorgado los diferentes gobiernos; de los negocios, de las concesiones, de las obras de infraestructura que nos asignan.

Ayer, Juan Pablo Castañón, hoy dirigente del CCE para quienes lo hayan olvidado, declaró, palabras más, palabras menos: El sector privado exhorta a todos los actores políticos a contribuir a la democracia y la confianza en sus reglas (como le hicieron en 2006, verdad, acotan los analistas con memoria). Pero además de lo anterior, también los empresarios demandan garantías de que se respetarán los contratos otorgados en la Reforma Energética y en la construcción del nuevo aeropuerto. En un Estado de Derecho, los contratos se cumplen y no quedan a la voluntad o interpretación del gobernante en turno, subrayó. ¡Pero cómo! Tercia un entrometido quien recuerda que hace un par de semanas el secretario de Turismo, Enrique De la Madrid, declaró que el estado de Derecho no existe porque ya le dieron en la ma…ceta.

Bueno, López Obrador ya les respondió a los empresarios que, si en la construcción del nuevo aeropuerto descubre algún chanchullo, va a cancelar el proyecto. Y dicen los que saben de este jugoso negocio, que hay muchas cosas turbias. Pregúntenle a Manuel Ángel Núñez Soto por qué lo corrieron de ese magno proyecto, sugieren.

 

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