Proteger a mujeres y niñas para alcanzar una ciudad justa e inclusiva

Solo el 20 por ciento de los países reportan avances en la incorporación del género en la reducción del riesgo de desastres

Proteger a mujeres y niñas para alcanzar una ciudad justa e inclusiva

El sismo ocurrido en la CDMX el 19 de Septiembre provocó el fallecimiento de 228 personas de las cuales alrededor el 60 por ciento eran mujeres. Los desastres son devastadores para las vidas de las personas pero también reflejan las deficiencias en materia urbana y de protección civil y, además nos muestra las relaciones asimétricas de género que se expresan en el mayor porcentaje deceso de niñas y mujeres por este sismo.

En un documento, elaborado por Ciudad Feminista (2017), se señala que los datos de 141 países afectados por desastres entre los años 1981 y 2002, tienen un impacto negativo mayor sobre la esperanza de vida de las mujeres que sobre la de los hombres. Además, las mujeres, niñas y niños, son 14 veces más propensas que los hombres a morir durante un desastre.

Esta lamentable tendencia debe contrarrestarse con políticas públicas que tengan como eje fundamental el desarrollo integral de las mujeres y niñas a fin de lograr garantizar su adecuada atención y seguridad ante los desastres.

De acuerdo con el documento Reducción de Riesgos de Desastres y Género (2015) solo el 20% de los países reportan avances en la incorporación del género en la reducción del riesgo de desastres, un 23% reportan que tienen medidas adoptadas para incorporarlas en la recuperación y un 15% cuenta con evaluaciones de vulnerabilidades y capacidades desagregadas por sexo.

Por ello, se debe establecer una perspectiva de género ante cualquier tipo de desastre que ocurra en nuestra ciudad. La emergencia por la que atraviesa la Ciudad de México es el momento más oportuno para generar una profunda reconversión de nuestra visión y reconfigurar el paradigma de atención de desastres que permita generar mejores condiciones de inclusión.

La última conferencia de ONU Hábitat III celebrada en Ecuador (2016) reivindica el Derecho a la Ciudad, a través de la Nueva Agenda Urbana que define parámetros de desarrollo para las urbes y ayuda a replantear la planificación y las acciones para el bienestar de sus ciudadanos.

Es un documento que permite que los líderes mundiales se comprometan a proveer servicios básicos para todos, a asegurar que los ciudadanos tengan acceso a oportunidades y que las mujeres y niñas no sufran discriminación por cuestiones de género ni de otro tipo, a mejorar el aire que se respira en esos entornos, a fortalecer la resiliencia ante los desastres y a tomar acciones para abordar el cambio climático, entre otras cosas.

Por tanto, ahora está en manos de los partidos, gobiernos y en nosotros como legisladores, el implementar los principios de la Nueva Agenda Urbana con un enfoque de género, que impulse una mejor coordinación entre las distintas instancias de gobierno y complemente acciones encaminadas a mejorar las condiciones de vida de las damnificadas de nuestra ciudad.

Una ciudad justa, sostenible inclusiva, donde se respete el Derecho a la Ciudad de todas las personas no debe ser sola una aspiración, debe ser un objetivo alcanzado y por ello, estamos trabajando para conseguirlo.

Por Dunia Ludlow Deloya / COLUMNA INVITADA 

 

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