Prospera

Hasta hace poco, más de 20 países en todos los continentes ya habían establecido programas de transferencias condicionadas

Javier García Bejos / El Heraldo de México
Javier García Bejos / El Heraldo de México

No cabe duda que uno de los principales retos en nuestro país es el combate a la pobreza. Mucho se ha dicho en este espacio sobre redoblar esfuerzos para consolidar políticas públicas que doten de herramientas a los ciudadanos para romper inercias que les impiden avanzar.

Así, en este momento que vive México, tanto social como político, vale la pena destacar un esfuerzo sobre todos los demás, uno que nos había puesto a la vanguardia hace dos décadas: Prospera.

Conocido entonces como Progresa, éste fue el primer programa de transferencias monetarias condicionadas introducido a nivel nacional en el mundo, en 1996. Arrancó atendiendo a sólo 300 mil hogares, pero con el paso de los años, fue generando noticias alentadoras que generaron su expansión en México y su adopción en otras latitudes; a finales de los 90, este tipo de programa estaba presente solamente en nuestro país y en Brasil, pero poco después avanzó hacia otros países de la región. Hasta hace poco, más de 20 países en todos los continentes ya habían establecido programas de transferencias condicionadas.

Gracias a la constante evaluación y a la construcción de capital humano, Prospera generó buenas historias para la gente. Por ejemplo, de acuerdo con un artículo reciente publicado por investigadoras del Banco Interamericano de Desarrollo y de la Escuela de Economía de París, niños beneficiarios que estaban acabando la primaria al inicio del programa, hoy tienen más años de educación e ingresos significativamente más altos que personas de la misma edad que no estuvieron expuestas a Progresa.

Asimismo, los que estaban en el vientre de sus madres o en sus primeros años, reportaron más años de educación y mayores expectativas autorreportadas de ingresos.

Paralelamente, el impacto de Prospera en años recientes en el nivel de vida de sus beneficiarios fue igual de contundente. En los primeros seis años de esta década, el porcentaje de personas en carencia por acceso a la alimentación, entre la población del programa, disminuyó 20 por ciento. Del mismo modo, la desnutrición crónica infantil entre su población a nivel nacional cayó 38 por ciento, y gracias a su vinculación con el Seguro Popular, casi 20 millones de personas pertenecientes a Prospera fueron adscritas o readscritas a sus servicios.

Al final, gracias a la gente que se apropió del programa y, en especial, a las mujeres que fueron fortaleciendo a los comités ciudadanos, Prospera pasó de haber empezado con 300 mil hogares a llegar a cubrir a casi 7 millones, llegando a 29 millones de mexicanos en más de 116 mil localidades. Si bien quedaron muchos pendientes, no podemos olvidar el exitoso legado de Prospera, un programa de clase mundial que se convirtió en un emblema de desarrollo.

Sirvan estas líneas para reconocer a los talentosos servidores públicos y a los millones de mujeres, y familias de Prospera que escribieron juntos una historia de superación y trabajo. Conocerlos y trabajar juntos nos cambió la vida a muchos.

POR JAVIER GARCÍA BEJOS
COLABORADOR
@JGARCIABEJOS

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