¿Primero los pobres?

Se reducen los fondos del IMSS, pero se le ordena afiliar a las trabajadoras del hogar

Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México
Wilbert Torre / Serendipia / Heraldo de México

Uno de los spots más controvertidos de la campaña por la Presidencia mostraba la sala de una clínica de salud pública repleta de enfermos y una tropa de médicos y enfermeras que en medio del trabajo febril desaparecía súbitamente, como si una fuerza superior los hubiera evaporado.

El spot fue lanzado por la campaña de José Antonio Meade para representar de manera dramática los servicios públicos de salud que, alertaba el PRI a principios del año 2018, podrían desaparecer o caer en un estado de asfixia si Andrés Manuel López Obrador llegaba a la Presidencia.

Hoy, ese comercial político, tachado de guerra sucia en esa campaña –yo le dediqué una columna ardiente–, ha mutado en realidad a consecuencia de la política de austeridad decretada por el Presidente. No cuestiono la política de austeridad. Está justificada ante las pruebas de la voracidad de los gobiernos del PRI y del PAN, que crearon una élite burocrática con salarios que igualaban o sobrepasaban al del Presidente y se rodearon de lujos que pagábamos los mexicanos: autos y camionetas, guaruras, teléfono, un séquito de asistentes, comidas, viajes, gasolina y hasta flores y regalos para las novias y los familiares.

Dice el refrán que de buenas intenciones está empedrado el infierno y el cielo de buenas obras. No dudo de la autenticidad de las intenciones del Presidente para desterrar la corrupción y la impunidad, frenar la violencia y fundar un nuevo pacto social que atienda las causas de la pobreza en la que viven más de 54 millones de mexicanos.

¿Bastan los deseos de AMLO para alcanzar estas metas? La respuesta podemos encontrarla en los primeros seis meses de gobierno, que han transcurrido bajo dos líneas esenciales: atropellamiento y autoritarismo.

El atropellamiento ha producido unas joyas negras: se tumba el presupuesto de las instituciones y se recorta la burocracia, y al mismo tiempo –en un bomberazo monumental–, se ordena a las oficinas públicas recibir a los jóvenes que no ha sido capaz de registrar el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Se reducen los fondos del IMSS, pero se le ordena afiliar a las trabajadoras del hogar. Sin dinero esto es pura demagogia.

El Presidente dijo ayer que era propaganda política la versión del grave debilitamiento de los servicios de salud, pero sus argumentos resultan frágiles ante los datos oficiales. El IMSS ya empezó a cerrar clínicas; ante cerca de tres mil despidos de personal médico, los directores de los institutos nacionales han unido fuerzas para oponerse a la aniquilación –así la llamaron– del sistema de salud y no se está contratando al personal médico que formaba parte del IMSS-Bienestar.

¿En dónde están los mil 400 millones del IMSS-Bienestar que reclamó Germán Martínez a Hacienda? Los periodistas le preguntaron ayer al nuevo director, Zoé Robledo, y no fue capaz de responder. Si el Presidente no rectifica pronto, estará poniendo en riesgo al sistema de salud y comprometiendo la viabilidad de su gobierno.

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@WILBERTTORRE

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