Primer congreso desperdicia oportunidad

El grupo parlamentario de Morena hace lo mismo que hacían los otros partidos: impone su mayoría sin argumentos

Esperanza Barajas / Primer Cuadro / Heraldo de México
Esperanza Barajas / Primer Cuadro / Heraldo de México

El hecho de ser la primera legislatura del primer Congreso de la CDMX, resultado de una reforma constitucional que dio pie a un cambio fundamental en la capital de país, debería estar marcado por un trabajo de los diputados que los pudiera colocar en un momento histórico; pero no es así, todos, mayoría y oposición, desperdician esta oportunidad.

Los diputados, por ser el Poder Legislativo, deberían ser los primeros en respetar la ley aunque sea sólo por formalidad, pero ese detalle es una situación irrelevante y no están interesados en modificar; por ejemplo, hay una Mesa Directiva de la Comisión Permanente en el Congreso local que viola la Constitución de la Ciudad de México. Qué tan legal o ilegal sean sus decisiones, parece ser lo de menos.

Para Morena, éste debería ser un momento histórico, que marque un antes y un después. Ganaron la Presidencia de la República, el Gobierno de la Ciudad de México, la mayoría en el Congreso de la Unión y el Congreso de la ciudad, ya ni hablar de las alcaldías y del avance electoral en el resto del país, pero sus representantes populares se distinguen por su falta de preparación.

No es justificación que son un partido nuevo, porque son resultado de la migración de otras fuerzas políticas. El grupo parlamentario de Morena ha hecho lo mismo que hacían los otros partidos: impone su mayoría y le falta contundencia a sus argumentos. Salvo una que otra excepción.

El hecho de haber contado con un respaldo popular tan apabullante, le dio a Claudia Sheinbaum un aliado en el Legislativo, pero la única ventaja que han demostrado de septiembre para acá es la fuerza de la mayoría, no hay iniciativas o propuestas que marquen un sello importante.

De la oposición, ni hablar, parece que siguen lamiendo las heridas de las elecciones de julio y no alcanzan a reponerse; si bien no tienen la fuerza política para hacer frente las propuestas de Morena, tienen la herramienta de la legalidad, pero no la usan.

En el PAN hay quizá tres legisladores muy buenos, pero están en la medianía del trabajo; en el PRD sólo un par de experimentados, pero más interesados en lograr acuerdos y rescatar algunos espacios; los priistas, con los demás, están en la chiquillada.

Los habitantes de la Ciudad de México no merecen ese Legislativo tan caro y falto de preparación. Es cierto que se bajaron el presupuesto, pero no está claro para qué sirven los mil 766 millones de pesos.

A punta de presión ciudadana y de una oposición responsable, en el Distrito Federal se obligó a la creación de la Asamblea de Representantes en 1988, todas las fuerzas políticas mandaron en ese momento a sus mejores cuadros, debates de altura a pesar de que estaban muy limitadas sus facultades.

Fernando Ortiz Arana era el líder de los priistas; José Ángel Conchello, de los panistas; Ramón Sosamontes, del PMS. Era otro momento de la historia.

 

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@esbarajas

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