PRI: Primero, lo primero

Para donde se mueva, el PRI va tropezando y con cada paso añade un arañazo más a la muy deteriorada marca del partido, herida por escándalos de corrupción


Primero el plan, luego el hombre, proclamó en un lance para nada teatral, el secretario de Educación, Aurelio Nuño, con la mira en la elección presidencial.

La definición de uno de los hombres más cercanos al presidente Peña está conectada con un debate y una decisión capital que entró en suspenso ante la elección en el Estado de México: hasta dónde llevarán Los Pinos y el PRI el tema de la corrupción política en el Gobierno Federal, en sus gobiernos estatales, y en el partido, en el transcurso de la elección del próximo año.

Esta discusión, una parte determinante del plan priista para mantener el poder en 2018, representa una de las deliberaciones más complejas que el partido haya enfrentado en décadas.

El problema más serio es que para donde se mueva, el PRI –aquí el lector puede cerrar los ojos e imaginar un dinosaurio confundido– va tropezando y con cada paso añade un arañazo más a la muy deteriorada marca del partido, herida por los escándalos de corrupción que han involucrado al Presidente de la República y a varios ex gobernadores.

Un primer conflicto en este debate pospuesto, es que el PRI está atado de manos para crear la Comisión Anticorrupción del partido, anunciada hace ocho meses como un órgano gobernado por tres priistas ejemplares.

La dirigencia de Enrique Ochoa y el primer círculo en Los Pinos consideran que no es propicio crear la comisión antes de que sea nombrado el Fiscal Anticorrupción. Ante el peor espectáculo de corrupción de la mayoría de los partidos en años, el partido símbolo de la corrupción nos dice: tomen asiento y esperen.

Si lo hicieran antes, calculan con involuntario sospechosismo, entonces nadie creería en la independencia y los márgenes de decisión del Fiscal cuyo nombramiento está en suspenso, mientras ex gobernadores y funcionarios de distintos gobiernos continúan cayendo literalmente como moscas de la corrupción, a veces varias en una semana.

Un tercer y espinoso elemento en el debate sobre corrupción hacia la elección presidencial depende de Los Pinos: decidir en qué casos de priistas relevantes se ilumina la luz verde para seguir adelante, y cuáles pasarán al limbo de los años de la corrupción.

En los expedientes turnados a los Pinos por el procurador Cervantes sobresalen uno de Alberto Silva, colaborador de Javier Duarte, un magazo que desapareció en 15 días unos 245 millones de pesos, por medio de empresas fantasma.

Un segundo expediente involucra uno de los casos más sensibles: los escándalos de corrupción en Petróleos Mexicanos, durante la gestión de Emilio Lozoya Austin.

Primero el plan, luego el hombre, dijo Nuño.

Antes que el plan, si el PRI aspira a competir en 2018, debería empezar por lo primero: castigar ya a los responsables de algunos de los más escandalosos casos de desfalco en estos años. 

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