Porfiriato en la 4T

Muñoz Ledo honró su trayectoria y decidió renunciar a la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados

Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México
Alejandro Cacho / Touché / Heraldo de México

Porfirio Alejandro Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, con su más de medio siglo en la política mexicana se ha ganado el estatus de legendario. Sin embargo, en el ocaso de su vida, protagoniza el tercer, y más vergonzoso escándalo de su trayectoria.

Los homenajes, reconocimientos y alabanzas que está recibiendo en vida palidecen frente a la penosa, lamentable e innecesaria pretensión de aferrarse a la Presidencia de la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados.

Tal vez confiando en la consideración a sus 86 años, se ha permitido chistes poco graciosos y excesivos como Sufragio Efectivo, sí reelección. Incluso, durante el Primer Informe de Gobierno, agregó al clásico es un honor estar con Obrador la frase es un delirio estar con Porfirio.

Muñoz Ledo y Lazo de la Vega no necesita aferrase al hueso para ganar su lugar en la historia, alguien debería decírselo. Es más, alguien debería cuidarlo.

El agandalle legislativo que protagonizó sólo lo denuesta. No necesita robarse la Presidencia de la Cámara de Diputados para ser reconocido.

Su muy notable inteligencia debería alertarle del desprestigio que significa aceptar modificar la ley sólo para él. A los halagos por su aportación a México hay que sumar el calificativo de espurio que le colgó la oposición. Por dignidad no debería permitirlo.

Porfirio Muñoz Ledo y Lazo de la Vega, apellidos bastante fifís en tiempos de la 4T, ha trascendido a 10 presidentes. Ha sido candidato presidencial, diputado, senador, dos veces secretario de Estado. Presidió al PRI y al PRD.

Militó en el desaparecido Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional. También ha sido diplomático. Embajador de México ante la Unión Europea y Representante de México ante la ONU. Fue precisamente ahí donde protagonizó otro de los más grandes escándalos de su carrera.

En 1985, siendo embajador de México ante la ONU, protagonizó un embarazoso incidente. Pistola en mano agredió a un empresario neoyorquino que osó invadir 30 centímetros el espacio de estacionamiento reservado frente a la residencia de Muñoz Ledo. La inmunidad diplomática lo salvó del arresto de la Policía de Nueva York. Ese penoso episodio precipitó su regreso al país.

Pocos años después, el 1 de septiembre de 1988, Porfirio Muñoz Ledo y Lazo de la Vega protagonizó un escándalo más. El expresidente Miguel de la Madrid, su compañero de generación en la Facultad de Derecho de la UNAM, rendía su Sexto Informe de Gobierno. Con el puño al aire, Muñoz Ledo hizo añicos para siempre la tradición del Día del Presidente cuando exigió a gritos el uso de la palabra para interpelar a De la Madrid.

Desde entonces, ya nada fue igual en los informes presidenciales.

Luego de terminar esta columna, Porfirio Muñoz Ledo honró su trayectoria, y decidió renunciar a la Mesa Directiva de la Cámara de Diputados. Evitó una crisis constitucional y el desprestigio personal.

POR ALEJANDRO CACHO

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@CACHOPERIODISTA

edp

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