Por una democracia auténtica, voto obligatorio, ya

La manera más eficaz de incrementar la participación electoral es establecer la obligatoriedad del sufragio

Jesús Ángel Duarte Téllez   / Heraldo de México
Jesús Ángel Duarte Téllez / Heraldo de México

México experimenta un desencanto democrático que pone en riesgo los cimientos de nuestra república, perfilándose cada vez más una democracia sin demócratas a la que por ningún motivo deberíamos acostumbrarnos.

Decía Albert Camus que la tiranía no se edifica sobre las virtudes de los totalitarios, sino sobre las faltas de los demócratas. Creo que ha llegado la hora de revertir ese infeliz presagio.

Las elecciones locales realizadas el pasado 2 de junio marcaron cifras históricamente bajas de votación con un promedio de 33%, lo que representa un escándalo alarmante para nuestra democracia.

Esto que es un desastre para la cultura cívica y la construcción institucional es consistente con la caída sostenida en los niveles de participación de los últimos 24 años, que han sufrido disminuciones de 13.4% en elecciones intermedias y 15.1% en las presidenciales. Por lo tanto, esto constituye una tendencia contundente que ha tocado fondo y requiere de acciones y medidas firmes e inmediatas.

Está demostrado que la manera más eficaz de incrementar la participación electoral e inhibir el abstencionismo es establecer con claridad la obligatoriedad del sufragio, con sanciones y consecuencias para quienes lo violenten.

Además de aumentar los índices de concurrencia en las urnas, este mecanismo apuntalaría tres virtudes democráticas: combatir la discriminación política por falta de representación de aquellos grupos con menor participación; fortalecer la legitimidad de los procesos electorales; así como proteger las libertades individuales, ya que uno de sus principales soportes es la posibilidad de que la soberanía popular se manifieste en la elección de representantes y autoridades.

Nuestra carta magna define con toda precisión (artículos 35 y 36) que el voto es tanto un derecho como una obligación para todos los ciudadanos, y no sólo en cuanto a los comicios regulares, sino en las consultas populares también.

En el mismo sentido, la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales reafirma esta dualidad derecho-obligación, como ejercicio para poder integrar los órganos del Estado.

El inconveniente es que tanto la ley como el texto constitucional son omisos sobre las derivaciones jurídicas del incumplimiento de dicho deber, dejando un vacío que nunca ha sido subsanado.

Hay países que han sido muy exitosos en la implementación del voto obligatorio, principal-mente Bélgica, Australia, Uruguay,Argentina, Brasil y Suiza, con sanciones de todo tipo: multas económicas (equivalentes al costo del voto per cápita), el retiro temporal de la credencial de elector, la imposibilidad de trabajar en el sector público, o de ser beneficiario de programas sociales.

La defensa del modelo democrático no admite medias tintas. Ésta es una asignatura pendiente para el Poder Legislativo de nuestro país, esperemos tengan la sensibilidad política para resolverlo.

JESÚS ÁNGEL DUARTE

COLABORADOR

@DUARTE_TELLEZ

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