¿Por qué no Zonas Económicas Especiales?

Las Zonas Económicas Especiales (ZeE) no son “neoliberales” son articuladoras de políticas públicas e infraestructura para el desarrollo regional

Emilio Sanders Peralta / Especialista en infraestructura
y productividad / Tiempos de Infraestructura
Emilio Sanders Peralta / Especialista en infraestructura y productividad / Tiempos de Infraestructura

EN MÉXICO, desde los inicios del TLCAN en 1994, se decía que la mejor política industrial es la que no existe, denostando la intervención del Estado, por ejemplo, mediante la aplicación de incentivos fiscales para ciertas industrias o la aplicación de tarifas arancelarias como medida proteccionista.

La iniciativa de Zonas Económicas Especiales (ZEE) promovida en años recientes, reconocía que, si bien el liberalismo económico había generado beneficios reflejados en un pujante sector exportador generador de empleos, así como un entorno de estabilidad para la inversión y el crecimiento sostenido, era insuficiente para que éste fuera más dinámico. Más aún, había profundizado las desigualdades regionales entre un México moderno y competitivo, y uno rezagado.

Las Zonas Económicas Especiales son áreas geográficas delimitadas con potencial productivo que prevén condiciones diferentes al resto del país y favorables para la atracción de inversiones y la generación de empleos en actividades más productivas y por ende mejor remuneradas.

Existen múltiples casos de éxito y fracaso de ZEE en el mundo, identificándose los elementos indispensables para que funcionen adecuadamente y tengan impacto regional.

Un precedente en sureste del país es Cancún (en el sector turístico); su empujón no provino de la mano invisible de Adam Smith, sino de la del Estado a través de los Centros Integralmente Planeados.

En México, se decretaron en una primera etapa, cuatro ZEE en regiones con rezagos sociales y potencial para generar riqueza a partir de su ubicación y vocaciones productivas: (i) Istmo de Tehuantepec en Oaxaca y Veracruz, (ii) Lázaro Cárdenas-La Unión en Michoacán y Guerrero, KJJ(iii) Puerto Chiapas en Tapachula, Chiapas y, (iv) Progreso en Yucatán.

También se previó un marco jurídico e institucional con elementos para generar certidumbre a la inversión, así como el desarrollo de zonas económicas y áreas de influencia integralmente planeadas.

ZEE VS. ENCLAVES LOGÍSTICOS

Las ZEE deben considerar el desarrollo de los elementos de su área de influencia. El transporte y la logística generaran encadenamientos productivos y acceso a mercados, mientras que el acceso a energía como gas natural y financiamiento competitivo es una condición sine qua non para la diversificación productiva. El fortalecimiento del capital humano permite adoptar actividades más complejas, en tanto que la planeación y equipamiento urbano sustentable dan integralidad de largo plazo. Los incentivos fiscales son necesarios, pero por sí solos insuficientes.

Así, Lázaro Cárdenas, el segundo puerto natural con mayor movimiento de carga contenerizada del país, no tiene acceso suficiente al gas natural para el establecimiento de actividades más productivas. Mientras tiene instalaciones de clase mundial y opera con excedentes financieros, en la ciudad es palpable la falta de equipamiento urbano y altos niveles de marginación e inseguridad. Se trata de un enclave logístico que no genera derramas en beneficio de la región.

El corredor del istmo de Tehuantepec tiene una importancia geoestratégica, no obstante, su economía se concentra en actividades primarias de baja productividad. El nuevo gobierno anunció una zona libre con incentivos fiscales y el impulso al proyecto interoceánico anhelado hace más de un siglo, aunque ello no garantiza el desarrollo integral de la región, con el riesgo de generar otro enclave logístico donde la población solo vea pasar la carga.

Puerto Chiapas tiene un gran potencial agroindustrial y turístico, reflejado en la riqueza natural del Soconusco y la afluencia de cruceros, con una ubicación estratégica por su cercanía con Centroamérica. Sin embargo, se requiere modernizar su puerto y conectividad fronteriza, y políticas que encadenen la producción primaria con actividades de mayor valor agregado.

Las ZEE requieren un marco institucional que genere certidumbre, promueva la articulación de políticas públicas y la coordinación de actores públicos y privados, incluyendo la banca de desarrollo.

¿En la llamada 4T que ha puesto en el centro disminuir la desigualdad, iniciativas como las ZEE no serían el complemento esencial a los programas sociales basados solamente en transferencias directas, a fin de generar mayor valor y contenido nacional, así como más y mejores empleos?

La reflexión aún es oportuna.


GRÁFICO: MIGUEL ULLOA

POR EMILIO SANDERS PERALTA

ESPECIALISTA EN INFRAESTRUCTURA Y PRODUCTIVIDAD

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