¿Por qué mentir, Karen?

Es un acto irresponsable e indolente, cuyos efectos causan severa lesividad al gremio taxista, pero aún más grave: se vulneró la credibilidad de casos reales

Jesús Martín Mendoza / Ojos que sí ven / Heraldo de México
Jesús Martín Mendoza / Ojos que sí ven / Heraldo de México

De confirmar la Procuraduría de Justicia de la Ciudad de México, que la presunta desaparición de Karen Espíndola no se trató de un secuestro, sino de una dolosa mentira para irse a divertir a un bar, por cierto, muy cercano a su casa, estaríamos ante uno de los actos mediáticos más irresponsables de que se tenga memoria.

Sin exagerar, lo que hizo la señora Karen Espíndola, madre de tres hijos, es un acto irresponsable e indolente, cuyos efectos causan severa lesividad al gremio taxista, acusado de un secuestro que nunca existió, pero aún más grave, se vulneró la credibilidad de casos reales de secuestros.

Lo ocurrido con la señora Espíndola tuvo impacto en los medios y redes sociales como no se había visto, y la razón es simple. Desde el 25 de noviembre que se conmemoró el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer 2019 y hasta el día de hoy, la sensibilización social es muy elevada. El llamado a la denuncia ciudadana en caso de violencia contra mujer y sus desapariciones se ha abordado en todos los medios. En El Heraldo TV, un trabajo periodístico de mi compañero Edgar Ledesma reveló que se desconoce el paradero de al menos nueve mil mujeres en México; no se sabe si están fallecidas y, de estar con vida, se ignora si fueron integradas al delito de trata de personas.

Si a esta realidad le sumamos el performance Un violador en tu camino, protesta recitada a coro, creada por el colectivo femenino chileno LasTesis, tuvimos el caldo de cultivo ideal para una reacción social por la desaparición de Karen, presuntamente secuestrada por un taxista.

Aún resonaba en nuestras mentes esa durísima acusación del performance que dice: el violador eras tú, el violador eras tú, es feminicidio, impunidad para mi asesino, es la desaparición, es la violación, y la culpa no era mía, ni donde estaba ni como vestía, el violador eras tú, cuando desapareció Karen, y todos esperábamos, ante la terrible realidad, la fatídica noticia de la localización de su cuerpo. Pero resultó que la señora llegó por su propio pie a su casa y con base en videos, que reveló Imagen Televisión, no existió tal secuestro, se la pasó toda la noche divertida con amigos en un bar. Karen Espíndola cometió un grave acto de irresponsabilidad. El mentir a su familia tiene causas y consecuencias morales y éticas, pero mentir a autoridades y a la opinión pública debería tener consecuencias administrativas y hasta penales. Vulnerar la credibilidad de casos de secuestros de mujeres y feminicidios, sí es un verdadero crimen.

Corazón que sí siente: Los senadores enviaron a la congeladora la reforma impulsada por Napoleón Gómez Urrutia para regular la subcontratación u outsourcing. Consultar a todos los empresarios y trabajadores podría llevar varios años. Genialidad política de Ricardo Monreal.

POR JESÚS MARTÍN MENDOZA
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@JESUSMARTINMX



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