¿Por qué hay disturbios?

La norma es que durante las fiestas musulmanas no se permita a los judíos llegar al lugar. Pero esta vez, la coincidencia de las dos fechas mencionadas complicó las cosas

Jana Beris habla sobre el embajador de Israel en Estados Unidos que viajó a Alaska.
Jana Beris / Columnista El Heraldo / Periodista

JERUSALÉN. Cada tanto, lo que debería ser símbolo de fe y devoción, se convierte en símbolo de violencia. Lo que los judíos llaman el Monte del Templo y los musulmanes Haram al-Sharif, el sitio en el que se hallaron en la antigüedad los dos templos sagrados del judaísmo y en el que siglos después de su destrucción fueron erigidas el Domo de la Roca y la mezquita de Al Aksa, estuvieron también el domingo último en el ojo de la tormenta.

El potencial explosivo siempre latente, se acrecentó por un hecho que ocurre hace muchos años: el primer día de la fiesta islámica de Id el-Adha, coincidió con el ayuno judío de Tisha BeAv, que recuerda la destrucción de los dos templos sagrados, allí mismo, en ese monte, milenios atrás. La norma es que durante las fiestas musulmanas no se permita a los judíos llegar al lugar. Pero esta vez, la coincidencia de las dos fechas complicó las cosas.

Unos 60 mil musulmanes subieron temprano al lugar para orar, con plena libertad, como debe ser. Para evitar roces, la Policía prohibió visitas de judíos en el primer horario y las permitió cuando la mayoría de los musulmanes se habían ido. Para varios cientos de radicales, alentados en parte por el propio Waqf –responsable de cuidar los santuarios islámicos– parecía que lo más importante era impedir que judíos subieran al Monte Sagrado.

Lo que detonó la dispersión policial, fue el tumulto de musulmanes que emplazándose junto a la puerta de los Mugrabim, por la que ascienden al lugar los judíos y otros no musulmanes que visitan el Monte del Templo. Tiraron piedras a los oficiales.

Ocurre que cuando hay elementos nacionalistas en los grupos judíos, cantan y bailan en la puerta de acceso al Monte del Templo –lo cual la Policía no permite cuando ya subieron– y eso saca a los musulmanes de las casillas.

Pero el tema de fondo es que los choquesocurren porque los musulmanes no reconocen que el Monte es sagrado también para los judíos y toman cada visita de judíos al lugar –por más que sólo recorren la parte exterior, sin entrar nunca a las mezquitas– como una provocación.

Los musulmanes son los únicos que pueden entrar siempre al Monte Sagrado a cualquier hora. A veces se limita la entrada a mayores de determinada edad, cuando hay advertencias de seguridad , para minimizar el riesgo de violencia. Pero la norma es que los musulmanes son libres de orar cuando deseen, mientras que los no musulmanes, especialmente judíos, están limitados en sus visitas al lugar a determinados días y ciertos horarios, y ascendiendo únicamente por la puerta de los Mugrabim, la que se halla sobre el Muro de los Lamentos.

Lo hemos visto en distintas ocasiones en las que hemos subido al Monte del Templo. Un guía especializado israelí en el tema, aclaró: puedes grabar, pero mejor no tomes apuntes, porque pueden pensar que estás con un libro de oración.

Yehuda Glick, exdiputado del Likud, identificado en Israel con la lucha por subir al Monte del Templo y por lograr que se permita a los judíos orar allí, dijo en entrevista que: es lamentable la línea radical del Waqf y de parte de los musulmanes. En un lugar sagrado como el Monte del Templo, deberíamos ver un símbolo de paz.

Por Jana Beris

*Periodista

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