¿Por qué calló y obedeció Urzúa?

No es el único, todos los miembros del gabinete legal y ampliado sienten lo mismo

Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México
Luis Soto / Agenda Confidencial / Heraldo de México

Carlos Urzúa pasará a las páginas de la historia de los gabinetes de este país, como el secretario de Hacienda que se la pasó más de seis meses aguantando ofensas, coscorrones, regaños, maltratos… y nunca tuvo el valor de reclamarle en privado, y mucho menos en público, a quien lo designó.

En entrevista a un semanario, Urzúa expuso las razones por las que se vio obligado a renunciar. Nada que el respetable no supiera, pues en este espacio las comentamos en diversas ocasiones.

Que si sus diferencias con Alfonso Romo, quien con frecuencia lo agarraba a toallazos y varias veces le pidió al primer mandatario que se deshiciera de él.

Lo de las políticas públicas es una vacilada, pues éstas no existen en el gobierno de la 4T.

Que también se opuso a la cancelación del Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México nadie se lo cree, porque que nunca tuvo el valor de decirlo; tampoco reconoció que la regó con el asunto de los bonos que quería pagarles a los tenedores a precio castigado.

Afirma que se opuso a la construcción de la refinería de Dos Bocas, pero tampoco se lo dijo al patrón ni a la secretaria de Energía, quien es igual de inepta que él. No estaba de acuerdo con el proyecto faraónico —como lo calificamos aquí— del Tren Maya, pero se quedó calladito.

Otra de sus diferencias, confiesa Urzúa, fue con el Plan de Negocios de Pemex, y con Manuel Bartlett, a quien califica de inepto, por el asunto del gasoducto de Transcanada. Una más por el Plan de Austeridad que en marzo pasado decretó el Presidente de la República. La reducción del gasto me pareció excesiva, afirmó. ¿Y lo objetaste en su momento? Preguntó el entrevistador.

No lo objeté, pero tampoco lo aprobé. Sin embargo, era un memorándum del Presidente y estaba obligado a acatarlo, respondió el hoy exsecretario. ¿Y por qué no se fue en aquel entonces? ¿Por qué calló y obedeció sin chistar al Presidente de la República durante más de seis meses?

Respuesta sólo hay una, según los observadores objetivos, imparciales, enhiestos y erectos: porque le tiene pánico al primer mandatario. Bueno, no es el único, todos los miembros del gabinete legal y ampliado sienten lo mismo.

A quien también hay que darle mérito en este asunto de la renuncia de Urzúa, es al senador Ricardo Monreal. Primero porque puso el dedo en la llaga cuando declaró hace un mes, palabras más palabras menos, que veía a un gabinete de ineptos, con sus contadas excepciones, claro, que no estaba a la altura de su cargo. Después, cuando se conoció la renuncia declaró: Previsible y tardía. Se debió haber ido desde hace muuuuucho, quiso decir.

Sólo los analistas económicos y financieros, nacionales e internacionales bisoños, están preocupados tanto por la renuncia del secretario de Hacienda como por las denuncias que hizo en su carta y durante la entrevista comentada. ¡Deberían de alegrarse!

POR LUIS SOTO

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@LUISSOTOAGENDA

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