Populismo y democracia

«Si el partido Nazi alcanza la mayoría, estas elecciones (1933) serán las últimas» El Orden del Día. Éric Vuillard.

Verónica Ortiz / Ventana política / Heraldo de México
Verónica Ortiz / Ventana política / Heraldo de México

Washington, DC.- Los movimientos populistas siguen ganando terreno en el mundo. De hecho, las cuatro democracias más pobladas han elegido regímenes populistas: Narendra Modi, en India; Donald Trump, en los Estados Unidos; Joko Widodo, en Indonesia, y Jair Bolsonaro, en Brasil. Bajo esta premisa, Jascha Mounk y Jordan Kyle se propusieron revisar la naturaleza y el impacto del fenómeno, a fin de comprender si nos encontramos frente a un retroceso democrático sin precedentes en el mundo, o ante un sano ajuste de cuentas de los ciudadanos hacia las élites globales (El daño populista sobre la democracia. Una evaluación empírica. www.institute.global). Para tal efecto, consultaron 66 publicaciones acreditadas en ciencia política, sociología y estudios regionales, líderes políticos y expertos en cada país o zona. Su base de datos identifica 46 líderes o partidos populistas que han ejercido el poder en 33 países democráticos de 1990 a la fecha. Los hallazgos son francamente alarmantes.

1. Para empezar, no obstante todas sus diferencias, los gobiernos populistas reivindican dos argumentos básicos: a) Las élites y fuerzas externas conspiran contra los intereses del pueblo verdadero, y b) como ellos encarnan la voz del pueblo verdadero, nada debe interponerse en su camino.

2. A los populistas les gusta el poder. En promedio, los líderes populistas permanecen el doble de tiempo que los otros gobernantes electos democráticamente. Y son cinco veces más proclives a quedarse en el cargo más de 10 años.

3. Cuando se van, lo hacen en circunstancias dramáticas. Sólo 34% de los líderes populistas han dejado el poder luego de elecciones libres y creíbles, o respetando los períodos legales. Los demás han sido forzados a renunciar, desaforados, o no se han ido.

4. A los populistas les incomoda la institucionalidad democrática. En total, son cuatro veces más proclives a atacar a las instituciones (23%) que los gobiernos no populistas (6%).

5. Para cumplir su misión buscan eliminar los contrapesos al Poder Ejecutivo. Más de la mitad de los líderes populistas han modificado las constituciones de sus países, sea para extender los términos de su mandato, debilitar los otros poderes o nulificar a la oposición. Los datos revelan que esta agresión al estado de derecho abre la puerta a mayor corrupción: 40% de los líderes populistas están sujetos a juicios por corrupción y sus países registran caídas en los índices internacionales sobre la materia.

6. Los populistas suprimen derechos individuales. Bajo estos gobiernos, la libertad de prensa ha bajado un 7%, las libertades ciudadanas 8% y los derechos políticos 13%.

Si bien la evidencia muestra que los gobiernos populistas, sean de izquierda o derecha, son una amenaza real a las democracias, el llamado no es al fatalismo, sino a la acción en dos vías: reconocer y atender los legitimos reclamos de las sociedades, y al mismo tiempo defender la institucionalidad democrática. Sólo así podrán sobrevivir.

 

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@veronicaortizo

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