¡Pónganse de acuerdo!

Los titulares de Economía y de Agricultura han manifestado posturas encontradas respecto a la imposición de aranceles al azúcar mexicana

El secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, afirmó ayer que en la renegociación de los acuerdos comerciales que Estados Unidos y México mantienen desde hace varios meses sobre el polvito blanco (azúcar para quienes no están familiarizados con el tema), en donde los vecinos pretenden aplicar aranceles a las importaciones, se buscará un buen arreglo; si no se alcanza, entonces se analizarán alternativas, pero entre ellas no está agarrarnos a madrazos, dejó entrever.

Sin embargo, el titular de Agricultura, José Calzada Rovirosa, prácticamente lo contradijo al declarar que imponer aranceles al azúcar mexicana sería como poner un ladrillo en el muro. Y amenazó: El Gobierno Mexicano analizaría gravar algunos productos importados de ese país, en una política espejo. No queremos prácticas de proteccionismo sino de competencia… Igualdad y reciprocidad, ni más ni menos, agregó.

Los agroyuppies se quedaron perplejos, no por lo que dijo el secretario Guajardo, quien se ha caracterizado por alfombrita, porque nunca ha querido enfrentarse a los Estados Unidos cuando se ha presentado una disputa comercial (miedoso, pues), sino por lo expresado por Calzada Rovirosa, quien no se ha involucrado en el tema azucarero y mucho menos en la controversia. Dicen los malosos que no sabe cuántas calidades de azúcar se producen en el país, y mucho menos los detalles de la negociación de los Acuerdos de Suspensión. Cuantas veces le han pedido que vaya a Washington a defender la causa, ha escurrido el bulto. Y ahora quiere presentarse como el defensor de los productores. Pues es que como aspira a la candidatura presidencial, quiere echárselos a la bolsa, acotan los malosos.

En 2014 México y Estados Unidos firmaron los llamados Acuerdos de Suspensión, después de que nuestros vecinos acusaron a los industriales azucareros y al gobierno mexicano de subsidios y dumping en los precios del azúcar exportado. Lo peor del caso es que aquéllos comprobaron dichas prácticas, y para no aplicar los aranceles, que debían pagarse en cash, la secretaría de Economía tuvo que aceptar que se limitarán los volúmenes de venta y de calidades; precios topes y otras cositas.

A dos años de su operación, los acuerdos empezaron a hacer agua, por lo que los industriales norteamericanos pidieron a su gobierno que revisara el documento para imponer nuevas reglas, entre ellas que los azucareros mexicanos trabajen como sus esclavos; que no les manden tanto polvito blanco, sino más negro (crudos) para que ellos lo refinen y obtengan mayores ganancias.

Guajardo, a quien los agroyuppies lo han criticado por la falta de aquellito con que está actuando, estará la próxima semana en Washington para hablar sobre el tema con su homólogo norteamericano, Wilbur Ross.

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