Poder Aéreo y el Tigre de Santa Lucía

Poder Aéreo y el Tigre de Santa Lucía

La semana pasada un avión supersónico de la Fuerza Aérea Mexicana (FAM) sufrió un accidente en tierra –hasta donde se conoce, sin heridos- cuando su tren de aterrizaje colapsó en la pista de aterrizaje de la Base Aérea Militar No.1, mejor conocida como Santa Lucía. No fue un avión cualquiera, es un avión supersónico de combate F-5 Tigre y era, según fuentes cercanas a la FAM, el último modelo biplaza en estado operativo de una docena que se adquirieron en 1982. El incidente recalca la necesidad de reforzar la capacidad operativa de la FAM y dotarla de medios adecuados y suficientes para que cumpla con sus funciones.

Desde hace 10 años y especialmente durante la administración actual, se ha dado un impulso significativo para modernizar los aviones y helicópteros de los escuadrones aéreos de la FAM. Sin embargo, el esfuerzo se ha traducido en reemplazar equipo que por lo general ya había rebasado su vida útil o se encontraba en un estado operativo lamentable. El enfoque ha sido modernizar a los escuadrones de transporte con aviones españoles, americanos e italianos (C295M, Boeing 737 y C-27J); con helicópteros franceses y americanos, así como una flota de aviones de inteligencia, vigilancia y reconocimiento (King Air). La flota de aviones de pelea turbohélice (Pilatus PC-7) que son empleados para interceptar vuelos legales (narcotraficantes en su mayoría) y que databa de los años 80 está siendo relevada por la llegada de nuevos T-6C+ tras 35 años en servicio.

Los insumos nuevos, fueron la dotación de aeronaves no tripuladas, conocidas como drones, como los que fueron adquiridos en Israel, y aún más importante, los modelos desarrollados y producidos en México por una compañía jalisciense, Hydra Technologies. A la par, la FAM ha llevado a cabo una modernización de sus medios de entrenamiento, con instalaciones modernas, así como una nueva generación de aviones de entrenamiento alemanes y simuladores de vuelo. Un punto muy importante es que en esta década, la política de compras se ha basado únicamente en adquirir equipo nuevo, de fábrica, lo que le permitirá a la FAM planear y desarrollar doctrina a largo plazo, siempre y cuando esta inercia continúe. Si bien los medios son adecuados, los números no son suficientes. En muchos casos se reemplazan las aeronaves antiguas con menor número de aeronaves modernas; aunque existe un razonamiento lógico para ello, ya que las aeronaves nuevas requieren menor mantenimiento por lo que en un inicio ofrecen mayores horas de vuelo, por lo general, a menor precio, a la larga sufrirán un desgaste acelerado por la alta frecuencia de uso.

La Fuerza Aérea es el principal medio con el que una fuerza militar moderna proyecta poder. En México, el desarrollo del poder aéreo ha estado limitado severamente y enfocado, al igual que el Ejército, hacia el interior. Los bajos números de la FAM, tanto de aeronaves como de bases y personal, hacen que sea relativamente raro el contacto con los ciudadanos. Hay que entender la importancia estratégica de la FAM para el desarrollo nacional. Los espectáculos aéreos se han convertido en un nuevo punto de contacto con los mexicanos mientras que la feria aeronáutica Famex, que se ha realizado en 2015 y 2017, apunta a convertirse en un referente regional para la industria aeroespacial y de alta tecnología, por lo que es importante mantenerlos y mejorarlos.

Para comenzar a pensar más allá del interior, será positivo integrar un contingente aéreo a la participación de México en operaciones de mantenimiento de paz, ya sea mediante una unidad aeromóvil, por ejemplo, de dos helicópteros y una unidad de aeronaves no tripuladas, preferentemente las diseñadas y fabricadas en México, que comiencen a romper este paradigma.

Ahora bien, antes de pensar en reemplazar a los F-5 de Santa Lucía hay proyectos pendientes que absorberán recursos significativos durante los siguientes años; entre ellos, la modernización de los sensores y sistemas de vigilancia de las tres plataformas EMB-145 (4.281 mdp), compra de cinco radares de mediano alcance (1.947 mdp), modernización del sistemas de comando y control (134 mdp) y tres sistemas no tripulados (drones) de largo alcance para operaciones vigilancia (502 MDP). Por el momento, la Sedena se ha enfocado a reparar los cinco aviones F-5 que forman al Escuadrón 401 en Santa Lucia, la única unidad de defensa aérea que posee México. Los aviones jet subsónicos T-33 que formaban el escuadrón 402, fueron dados de baja a hace 10 años sin reemplazo, por lo que las capacidades de defensa aérea se encuentran en el menor nivel desde la Segunda Guerra Mundial.

Reemplazar estos medios avanzados no es políticamente atractivo para las administraciones que deben justificar la inversión ante un auditorio de críticos intelectuales y líderes de opinión que no tienen ni la menor idea de las necesidades básicas de defensa de un país en vías de desarrollo y que ven a las Fuerzas Armadas como un martillo para reemplazar el fracaso del sistema de seguridad pública y justicia. Sería importante comenzar un análisis y discusión sobre las necesidades básicas de defensa y proyección de poder en el siglo XXI, para una economía G20.

*Analista; consultor de Jane’s.

¿Te gustó este contenido?