Pluma y Plomo: Moctezuma en Chapultepec

El tlatoani hace esculpir su imagen en Chapultepec, y decide encontrar una roca más grande que la hecha por Tízoc para ofrenda de Huitzilopochtli, y para realización del rito de los sacrificios gladiatorios

Columna Pluma y Plomo / Luis Barjau / Opinión El Heraldo de México
Columna Pluma y Plomo / Luis Barjau / Opinión El Heraldo de México

Esta piedra, llamada de Tízoc fue hallada en el Zócalo en 1791, un año después del hallazgo en el mismo sitio de la escultura de Coatlicue y la Piedra de Sol. En cada escena se repite la imagen de Tízoc con casco de colibrí sometiendo a prisioneros de distintos reinos. Axayácatl (padre de Moctezuma II) fue amparado por Quetzalcóatl; Tízoc por Tezcatlipoca; Ahuízotl, su sucesor, por Quetzalcóatl; Moctezuma II, por Tezcatlipoca. Al  descendiente le habría correspondido Quetzalcóatl.

Y esta sucesión equivaldría al fin del mandato de Moctezuma. Si es cierta la creída identidad del grupo de Cortés, con Quetzalcóatl, de ahí una parte de la angustia del tlatoani por los advenedizos. 

Moctezuma sabe que debe hacer ofrendas a Huitzilopochtli con objeto de garantizar su protección. Por eso decide buscar una piedra mayor que la de Tízoc y, a la vez, dejar su imagen esculpida en Chapultepec.

Diego Durán escribió que siempre fue Motecuhzoma muy amigo de que sus cosas fuesen aventajadas y nombradas en todo el mundo. Por eso pidió a sus señores de poner una piedra, la más ancha y espaciosa que en toda la provincia se pudiese hallar, para la fiesta del desollamiento

Los canteros la hallaron en Aculco, Chalco. Acudieron muchos pueblos con sogas y palancas para traerla, y también varios sacerdotes y danzantes que hicieron entremeses y fiestas honrándola y sahumándola. Cuando la empezaron a jalar con las gruesas sogas de henequén, éstas se rompían como hilos. Con ayuda de Texcoco la pudieron mover hasta Tepehuacan. Pero de allí se volvió a aferrar. Avisado Moctezuma, pidió ayuda a los otomíes de Cuautlalpan y, cuando trataron de arrastrarla, salió una voz del centro de la piedra diciendo que no era su voluntad ir a la Ciudad de México. 

Volvieron a empeñarse todos los hombres, y entonces la piedra se deslizó con facilidad hasta llegar a Tlapitzahuayan. Fue una embajada a avisar al tlatoani del prodigio de la piedra, pero él los encarceló creyendo que era mentira lo que le informaban, así que mandó a un principal para verificar el embrollo.

El principal regresó confirmando el prodigio. De nuevo se aferró la piedra en el suelo ante los enviados de Azcapotzalco que fueron para ayudar. Y la voz pétrea volvió a decir que era inútil el propósito de Moctezuma, porque ya no es tiempo, porque ya se le acaba su mando y oficio

La piedra se volvió a deslizar con facilidad hasta Atocititlan, donde después los españoles habrían de plantar una cruz. Y la piedra prosiguió hasta la acequia de San Antón, y el tlatoani ordenó hacer un puente de madera, muy fuerte, para cruzarla a la ciudad.

Pero la piedra rompió el puente y se hundió en el lago. La buscaron los buzos, pero no la encontraron. Así que decidieron volver a su lugar de origen, en Aculco, y allí la encontraron. El rey temió por su muerte con angustia, interpretando el símbolo de la piedra, y mandó a esculpir su retrato en otra piedra situada en Chapultepec.

Este episodio, junto a otros, parece una compleja elaboración legendaria y posterior, para evidenciar la actitud de derrota y entrega del tlatoani.

Por Luis Barjau

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