Pluma y Plomo: La ciudad del rey de México

La ciudad que gobernó Moctezuma II Xocoyotzin fue la más rica y poderosa del continente y controló, mediante el sistema tributario cimentado a base de la fuerza guerrera, a muchos reinos

Columna Pluma y Plomo / Luis Barjau / Opinión El Heraldo de México
Columna Pluma y Plomo / Luis Barjau / Opinión El Heraldo de México

México-Tenochtitlan se fundó en 1325 cuando los mexicas perseguidos de los culúas que rodeaban el Cerro de la Estrella, llegaron a un islote de tierra ubicado hacia la orilla oeste del lago de Texcoco. Con mucho trabajo se ensanchó el islote, con piedras, barro y estacas y la ciudad, andando el tiempo, llegó a tener más de 60 mil habitantes.

En el área central de la ciudad hubo 80 edificios sagrados; en torno, la población habitaba casas de adobe y piedra con techo de paja. 400 ciudades tributaban a México. Y el Valle de Anáhuac que se eleva a 2 mil 250 metros sobre el nivel del mar y tiene 120 kilómetros de norte a sur y 64 de este a oeste.  

Cuando los españoles bajaron del paso de ambas montañas y se asomaron al lago, Bernal Díaz del Castillo observó:

Vimos tantas ciudades y villas pobladas en el agua, y en tierra firme otras grandes poblaciones, y aquella calzada tan derecha [Iztapalapa], nos quedamos admirados, y decíamos que parecía a las cosas y encantamiento que cuentan en el libro de Amadís, por las grandes torres y cues y edificios que tenían dentro en el agua, y todas de cal y canto; y aun algunos de nuestros soldados decían que si aquello que veían si era entre sueños […], ver cosas nunca oídas ni vistas y aun soñadas, como vimos […] Cuando entramos en aquella villa de Iztapalapa de la manera de los palacios en que nos aposentaron, de cuan grandes y bien labrados eran, de cantería muy prima, y la madera de cedros y de otros buenos árboles olorosos, con grandes patios e cuartos, cosas muy de ver, y entoldados con paramentos de algodón [adornos cubriendo las paredes].

Fuimos a la huerta y jardín, que fue cosa muy admirable verlo […] y ver la diversidad de árboles y los olores que cada uno tenía, y andenes llenos de rosas y flores, y muchos frutales y rosales de la tierra, y un estanque de agua dulce. […] Podían entrar en el vergel grandes canoas desde la laguna por una abertura que tenía hecha, sin saltar en tierra, y todo muy encalado y lucido de muchas maneras de piedras, y pinturas en ellas, […] aves de muchas raleas y diversidades que entraban en el estanque. […] Y no creí que en el mundo hubiese otras tierras descubiertas como éstas.

La ciudad de Moctezuma estuvo estratégicamente construida en el islote como medida de defensa de los enemigos. Cuatro amplias calzadas hacia los puntos cardinales conectaban la urbe por el lago hasta alcanzar tierra firme. Cada una de ellas, surcada de canales con puentes levadizos de madera que al ser levantados interrumpían el paso a la ciudad. Del cerro de Chapultepec donde brotaba un ojo de agua y por él fluía el líquido por un acueducto de piedra hasta llegar al centro, pues el agua del lago era salada. Y en él navegaba infinidad de grandes canoas de trasporte de gente y de víveres que afluían de todos los poblados de las orillas.

La imagen de la ciudad y su tráfago quedaría grabada en la memoria de los 500 españoles que bajaron por senderos de las montañas, como una iluminación de la cual sólo se conservarían fragmentos escritos en crónicas y documentos.

Por Luis Barjau

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