Pluma y Plomo: La búsqueda del sucesor al trono

El complejo proceso de entronización de Moctezuma II Xocoyotzin conlleva una serie de ritos que concentran las creencias cosmológicas de los antiguos nahuas, relacionadas con la oposición guerrera

Columna Pluma y Plomo / Luis Barjau / Opinión El Heraldo de México
Columna Pluma y Plomo / Luis Barjau / Opinión El Heraldo de México

El antecesor de Moctezuma fue Ahuízotl, nutria, que murió entre 1498 y 1503. Al ser depositadas sus cenizas frente a Huitzilopochtli, hubo un eclipse que opacó la luz del día. Un fenómeno de terror cósmico escondido en el fondo de la mentalidad nahua y que se prolongaba en rituales; uno de estos fue la ceremonia del Fuego Nuevo: se apagaban todos los fuegos para simular la muerte del sol, y se producía de nuevo el fuego con el método ancestral de girar una vara sobre un madero, tlecuahuitl. Ello debía coincidir con la ubicación de las Pléyades en el cenit. Mueren pues Ahuízotl y el sol: hay que elegir al nuevo rey porque el mundo quedó en tinieblas y hay que combatir las fuerzas caóticas que se desencadenaron. Elegir al nuevo sol. Tal enigma antecedió la elección de Moctezuma y su régimen quedó signado por el terror cósmico de que su final, a su vez, concitaría la muerte del sol.

Alvarado Tezozómoc escribe que el dogma religioso originó que se esculpiera un ídolo a imagen del desaparecido rey y que fue vestido con ropas reales. El rey Netzahualpilli de Tetzcoco dijo ante el cadáver real que la nación quedaba a oscuras y en tinieblas. El ausente la había limpiado y barrido, porque era el sitio, el lugar y silla del tiempo, noche, aire que es Titlacahuan, amo de todos los vivos. Que el rey exánime iría ahora al lugar llamado Apochquiahuayan en las partes oscuras izquierdas donde no hay calles ni callejones, ni sendas de guía, en la novena etapa del morir, donde reina la pareja de la muerte, Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl.

La elección está restringida al linaje real. Vieja tradición cuyo más remoto antecedente se encuentra en la migración de Aztlán y tiene qué ver con la aparición de la divinidad en los sueños de un teomama o shamán. Que será después el guía de la tribu y a partir de allí su descendencia forma el linaje real. De modo que Moctezuma II Xocoyotzin es descendiente del primer tlatoani, y heredó el nombre de su bisabuelo Moctezuma Ilhuicamina señor encolerizado flechador del cielo.

Flechar el cielo equivale a una devolución (por deuda) de la luz, de la vida, a los dioses, quienes originaron la vida humana lanzando una flecha de luz hacia la tierra. Esa primera flecha divina cayó, según la fuente Histoire du Mechique, en Tetzcoco, el reino más importante del altiplano cuando se fundó México.

Los principales mexicas, así como los de Tetzcoco y de Tacopan discutieron cuál de los muchos hijos de Axayácatl (quien sometió a Tlatelolco en 1473), era idóneo para desempeñar el cargo supremo de México-Tenochtitlan. Conviene recordar que Axayácatl mató a su cuñado Moquíhuix, señor de Tlatelolco, en un enfrentamiento directo. Se apuntó que Moquíhuix maltrataba a su esposa, hermana de Axayácatl. Pero desde antaño Tenochtitlan se quería apoderar de la rica Tlatelolco, gobernada por linaje distinto al gobierno azteca.

Los antecedentes históricos y míticos de creación del linaje real de los aztecas nos enseñan en qué consistía, a su vez, el sistema religioso teocrático con que Moctezuma gobernaría en su reino.

 

Por Luis Barjau

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