Pluma y Plomo: La batalla de Centla, Tabasco

Después de su paso por Cozumel, Cortés tiene un objetivo: llegar lo antes posible al territorio controlado por Motecuhzoma

Pluma y Plomo: La batalla de Centla, Tabasco

Así, tras la rápida exploración marítima de la Laguna de Términos, se dirige hacia la desembocadura del río conocido hoy como río Grijalva, allí donde la precedente expedición había tenido contacto con los embajadores del tlatoani de México. No obstante, a Cortés le espera una sorpresa: los autóctonos no están de humor para pactar y piden a los españoles que se vayan. Sabiendo muy bien que se encuentra en la frontera del imperio de Motecuhzoma, Cortés da la orden de desembarcar. Una descarga de flechas se abate entonces sobre los españoles. Cortés no hace caso; entra en la ciudad de Centla, abandonada por sus habitantes. Toma posesión de ella en nombre del rey de España, dando tres golpes de espada en la inmensa ceiba que marca el centro de la ciudad. Ese primer acto es para uso interno. Está destinado a mostrar a su tropa que su intención es poblar. Cuba está lejos y los reparos de Velásquez ya no son tomados en cuenta. Instala un campamento no lejos del fondeadero de los navíos. Ha terminado la era de las navegaciones: Cortés pisa tierra firme con el deseo de fundar allí una villa.

El segundo acto, que implica a los indios, se presenta aún más difícil. Cortés desea entrar en contacto con ellos y pide ayuda a Aguilar, quien habla maya. Envía algunos emisarios a los jefes locales. En lugar de las negociaciones esperadas, los indígenas libran una feroz batalla. Están ahí reunidos todos los guerreros de esa provincia fronteriza maya, conocida como Tlapachco, El lugar del coral, hoy Tabasco. El narrador de la Historia verdadera cuenta con 12 mil combatientes. Andrés de Tapia propone la cifra de 48 mil. Toda la tropa de Cortés tiene que combatir. Finalmente, los caballos resultan de gran ayuda para los castellanos. Esos animales desconocidos siembran el terror y la confusión entre los indígenas. Cortés les había colocado petrales con cascabeles para duplicar el efecto de sorpresa. Los mayas, atónitos, paralizados por el estupor, ceden. Se retiran dejando en el campo de batalla 800 muertos.

El cronista Gómara explica la victoria de Hernán por la milagrosa ayuda Del apóstol Santiago, patrón de España que supuestamente participó en el combate a lomos de un caballo negro. Evidentemente, Cortés conoce la verdad: esta vez, los caballos fueron un determinante elemento de sorpresa. Pero no habrá repetición posible. Aunque victorioso gracias a los caballos, Cortés no desea librar más batallas; sabe que es imposible derrotar a los indígenas por medio del uso de la fuerza. No quiere intentarlo. Quiere convencer por la palabra más que vencer por la espada.

Al enviar embajada tras embajada y haciendo llegar regalos a los jefes mayas, Cortés logra reanudar el diálogo. Dosificando la amabilidad y la intimidación, muestra a los emisarios indígenas que es el amo de la pólvora y de los caballos y acaba por establecer una apaciguada relación.

Pronto, todos los jefes de la región de Tabasco llegan con presentes. Se entablan discusiones. Cortés ha ganado: el navegante se ha transformado en caminante; se ha vuelto chichimeca.

 

Por Christian Duverger

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