Plomo y pluma: La matanza de Cholula

Cortés cuenta tres mil muertos en las filas de Cholula. Pero en realidad, a pesar suyo, Cortés ha sido instrumentalizado y el golpe en su contra ha devenido en un enfrentamiento entre indígenas

Columna Plomo y Pluma / Christian Duverger / Opinión El Heraldo de México
Columna Plomo y Pluma / Christian Duverger / Opinión El Heraldo de México

Los españoles se habían asentado en Tlaxcala. La vida había retomado su curso y Cortés había afianzado su alianza. Claramente, Cortés se enamoró de la ciudad construida al pie de los volcanes. Era para él una suerte de sueño materializado, una promesa de éxito, un símbolo de la factibilidad de su proyecto de conquista sin violencia. Sin embargo, su objetivo final seguía siendo llegar a la gran Tenochtitlán. Tlaxcala había aceptado aportar 100 mil guerreros para escoltar al extremeño hasta la capital mexica. Todo lucía bien. No obstante, en lugar de encaminarse directamente hacia México, Cortés sale de Tlaxcala el 11 de octubre rumbo a Cholula.

¿Por qué Cholula? Porque los mexicas lograron persuadir a Cortés, sin imaginarse que caería en la trampa que le están tendiendo. Constante en su estrategia diplomática, Hernán quiere recibir una invitación formal del tlatoani, quien se niega a tal eventualidad a pesar de la continua insistencia de Cortés ante los embajadores tenochcas. Esta vez, el mensaje de los enviados de Moctezuma sugería a Cortés que fuera a Cholula, donde les haría llegar sus instrucciones. ¿Pecó Cortés de confianza excesiva? Supuestamente, los habitantes de Cholula eran aliados de los tlaxcaltecas. ¿Sabían ellos del ataque planeado en la ciudad vecina?

La llegada a Cholula al día siguiente es bastante placentera. Entre 10 mil y 20 mil ciudadanos, encabezados por sus dignatarios, salen de la ciudad para recibir a Cortés. En primera instancia, a Cortés y a los suyos se les trata muy bien. El capitán está instalado en una casa grande con un amplio patio. Sin embargo, los cholultecas niegan la entrada a la ciudad a los 100 mil tlaxcaltecas, quienes tienen que acampar en los alrededores. Rápidamente, el ambiente se vuelve extraño, inquietante. Cortés pierde contacto con los emisarios de Moctezuma, desaparecidos por completo. Cortés acaba por saber la verdad por boca de doña Marina. Le revela que los mexicas han urdido una conspiración, que se han aliado secretamente con la gente de Cholula con el fin de asesinarlos. Haciendo caso omiso, Cortés fija para el día siguiente su partida hacia México, donde aún no ha sido invitado. Por la noche, Cortés reúne secretamente a sus hombres y elabora una respuesta a la conspiración. Sabe que la mejor defensa es el ataque.

El 18 de octubre, al amanecer, Cortés pide la comparecencia de las autoridades de la ciudad. De los dignatarios que se presentan, sólo hace entrar a 30. Y entonces se desata una épica dramaturgia. Montado en su caballo, se dirige a los señores de Cholula y a los enviados de Moctezuma, misteriosamente reaparecidos. Revela públicamente que lo sabe todo sobre la conspiración. Doña Marina traduce. Antes de que los señores de Cholula pudieran reaccionar en lo más mínimo, al patio se abalanzan soldados españoles armados que pasan a cuchillo a los 30 indígenas ante la atónita mirada de los embajadores de Moctezuma. Los españoles abren las puertas de la ciudad a los tlaxcaltecas que la cercan. La confusión es general; los españoles libran cinco horas de combate y se retiran, pero el saqueo de la ciudad por los tlaxcaltecas dura dos días. A excepción del padre De las Casas, los cronistas son discretos sobre la matanza. Cortés cuenta tres mil muertos en las filas de Cholula. Pero en realidad, a pesar suyo, Cortés ha sido instrumentalizado y el golpe en su contra ha devenido en un enfrentamiento entre indígenas. Y Cortés tuvo que parlamentar con los caciques de Tlaxcala para que cesara su conflicto armado con Cholula.

La lectura de los hechos es ambigua. Es cierto que este episodio incomodará a Cortés, quien siempre quiso presentarse como un pacifista que sabía utilizar la persuasión antes que el filo de la espada. Pero el hecho de haber escapado a la muerte planeada por Moctezuma reforzó su aura de guerrero; el soberano mexica entendió que Cortés era un adversario poderoso y lo respetó como tal. Paradójicamente, el castigo de Cholula que, de ninguna manera, correspondía a la estrategia del capitán general, le abrió el camino a Tenochtitlán. De todos modos, la historia es lo que es, y nada puede borrar la sangre derramada de Cholula.

POR CHRISTIAN DUVERGER

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